La ruta del arroz no es una estrategia integral de visión futurista de país

Ing Agr Giovanni Delgado Hidalgo

OPINIÓN. El entorno mundial nos está avisando que viene una recesión; los precios de los alimentos seguirán aumentando, pues derivado del actual conflicto armado Rusia/Ucrania, países productores están restringiendo las exportaciones. Ante tal escenario, sería razonable tomar medidas para no depender (o al menos disminuir la dependencia) de otros países respecto a nuestra alimentación básica. La Ruta del Arroz nos lleva exactamente a lo contrario.

El arroz ha sido, y sigue siendo, parte de nuestra dieta diaria. Por sí mismo, este factor requiere que no sea tratado como una mercancía cualquiera, donde apliquen únicamente las leyes del libre mercado. Las leyes del libre mercado no asegurarían que dicho producto esté accesible a toda la población; además, debe asegurarse que haya abasto de producto sin depender únicamente de los mercados internacionales. La “Ruta del Arroz” nos ofrece exactamente lo contrario.

La única forma de poder asegurar un precio determinado en un producto es regulándolo; no se puede pretender liberar el precio de un producto y a la vez prometer que dicha medida beneficiará con menores precios al consumidor, pues el precio final no estará ya en manos de quien asegura que bajará. Si no se tiene control sobre un factor, es temerario asegurar que éste se comportará de una u otra manera. Si el entrenador se va a los camerinos y asigna a los jugadores decidir qué cambios hacer, no puede proyectar (mucho menos prometer) que dichos cambios beneficiarán al equipo, pues dejó el desenlace en manos de otros.

Si bien no se puede asegurar que la Ruta del Arroz beneficiará a los consumidores, una cosa sí es segura: sí se beneficiarán los importadores, quienes, una vez que hayan sacado del escenario a los productores locales (aumentando la dependencia de la importación), podrán fijar sus precios, pues su interés dista mucho de ser el beneficio de los consumidores, sino más bien el suyo propio.  El golpe a los productores nacionales lo confirman las voces oficiales del Ejecutivo, con frases como: “…darles 3 millones de colones para que se compensen”.

Las justificaciones emitidas por el Ejecutivo no tienen sustento ni técnico, ni económico, y muchos menos social. Se basan en suposiciones no comprobadas, pero con tres resultados clarísimos:

  1. No hay NADA que asegure que los consumidores saldrán ganando (principal argumento del gobierno).
  2. Se beneficiarán los importadores en vez de los industriales (cambio de oligopolio).
  3. Se desprecia la importancia y el aporte de los productores nacionales, prácticamente expulsándolos de su actividad. Esto, a cambio de ofrecerle a este sector una limosna que apenas le alcanzará para cavar su propia tumba…mediante un proyecto de ley que no es seguro que se apruebe, “invitándolos” a que se cambien de actividad.

Con la Ruta del Arroz, se dará un gran paso hacia atrás en el aseguramiento de nuestra propia alimentación, en una época en que la coyuntura mundial nos debería llevar en el sentido contrario.  

La Ruta del Arroz no es una estrategia integral de mejora, de visión futurista de país, sino un antojo que aún no ha podido ser explicado con argumentos sólidos por parte del ejecutivo. Actualmente los precios del arroz se han encontrado regulados, y está comprobado que los precios al consumidor incluso han bajado en los últimos años; más bien, se debería buscar que nuestro país tenga políticas para buscar que nuestra alimentación básica no dependa tanto de mercados internacionales, sino promover y apoyar a nuestros agricultores a mejorar producir mejor, no “invitarlos” a que dejen su actividad.

Concluyo: en mi opinión, de lo que deberíamos estar haciendo como país en el tema agroalimentario, la “Ruta del Arroz” resulta ser todo lo contrario.

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