El Ilustrador Nacional

Jaime Enrique Cornelio Chaparro
Catedrático de la Universidad Autónoma
del Estado de México
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
Nuestro presente histórico es como un movimiento alimentado por diversas corrientes, ya sean próximas o lejanas pero que integran y dan cuenta de la compleja realidad que vivimos. Cada una de las grandes etapas de este devenir pervive en cada uno de nosotros; y por más lejanas que parezcan, no dejan de proyectarse desde el fondo de la memoria histórica de las naciones que conforman nuestra América Latina.

Origen
La prensa escrita de principios del Siglo XIX fue un elemento común, una pieza clave para lograr la soberanía de las naciones en este continente.
Los movimientos encabezados por Bolívar y José de San Martín se valieron de este importante recurso para la difusión de sus ideas libertarias. Lo mismo hicieron otros líderes revolucionarios como Antonio Nariño en Colombia, en Ecuador el Mariscal Antonio José de Sucre, en Venezuela Francisco Miranda y José Martí en Cuba, por citar solo algunos.

Esta primera colaboración para el El Sol de Occidente, está dedicada a conmemorar el bicentenario de la primera edición del Ilustrador Nacional, periódico insurgente que se publicó en México durante la guerra de independencia.

El 11 de abril de 1812, en la Villa de Sultepec, aparece el primer número del Ilustrador Nacional, periódico editado por el ilustre liberal, gran humanista e ideólogo de la Independencia José María Coss; su objetivo era dar a conocer los principios revolucionarios: “Hemos dado ciertamente las mayores pruebas de nuestro sufrimiento, y así como la antigüedad disfrutó del más sublime grado de libertad, nosotros hemos sufrido el ínfimo de la esclavitud, privados por el espionaje de la facultad de hablar, y aun de oír. Juntamente con el habla habríamos perdido también la memoria, si así estuviese en el arbitrio del hombre el olvidar como el callar”. (Epígrafe de la contraportada del primer número del Ilustrador nacional, Sultepec 11 de abril de 1812).

La aparición de esta publicación no fue tarea fácil ya que los tipos de imprenta fueron fabricados a mano y con trozos de madera; para la impresión se utilizó el añil, que era empleado comúnmente como colorante en la confección de prendas de vestir.

“AMERICANOS: La primera vista de estos caracteres os llena de complacencia, asegurándoos en el justo concepto que habéis formado de los incesantes desvelos, y activos conatos con que la nación se aplica infatigablemente a promover de todos modos, su pública felicidad. Una imprenta fabricada por nuestras propias manos entre la agitación y estruendo de la guerra y en un estado de movilidad, sin artificios, sin instrumentos, y sin otras luces que las que nos han dado la reflexión y la necesidad, es un comprobante incontestable del ingenio americano siempre fecundísimo en recursos e incansable en sus extraordinarios esfuerzos para sacudir el yugo degradante del opresor”.

Vocero de la rebelión
Muy pronto el Ilustrador Nacional se convirtió en vocero de la rebelión; José María Coss intentaba con esta publicación acallar también las injurias y falsedades de la prensa al servicio del virreinato, una tarea difícil ya que la prensa oficial tenía todas las facultades y el apoyo gubernamental, mientras que en el lado insurgente todo era improvisación y con carencias; sólo los impulsaba el ingenio y la verdad de su causa. “La prensa se contrae por ahora a poner en claro las relaciones interiores de la nación. Con este objeto saldrá, desde hoy, el sábado de cada semana, nuestro Ilustrador Nacional (…) Por él sabréis a fondo las pretensiones de la nación en la actual guerra, sus motivos y circunstancias del estado actual de nuestro gobierno político, militar y económico: tratará de las fuerzas de nuestros ejércitos, los jefes de ellos, y sus operaciones sobre el enemigo: en contraposición a la conducta del intruso gobierno, se darán los detalles con verdad y exactitud, se comunicarán las partes que se nos dirijan, y por último, sabréis los esfuerzos raros de la nación por conseguir su libertad”.

El Ilustrador Americano

Sabiendo de las dificultades para la edición del Ilustrador Nacional, una organización secreta denominada “Los Guadalupes”, de afiliación masónica, compró un retal de imprenta y junto con el oficial de imprenta José Robelo y dos cajistas fueron enviados en auxilio de José María Coss. Con este material fue posible formar hasta cinco planas. Una vez actualizada la imprenta, el Dr. Coss cambió el apelativo del diario, de “Nacional” a “Americano”. En el primer número, del 20 de mayo de 1812, se publicó el plan del periódico, que afirmaba: “Por medio de esta importante obra sabrán los españoles europeos que no hemos empuñado la espada para vengar personalidades odiosas, sino para recobrar nuestros derechos (…) sabrán que la falaz política de los déspotas es la que ha fomentado la división de los bandos, y por último sabrán los admirables progresos de las armas americanas (…) ¡felices nosotros que escudados con las irresistibles armas de la razón, tenemos en nuestra imprenta una batería que excede los límites de la dominación tiránica!”.

Plan de Paz y Plan de Guerra
La noticia de esta nueva publicación causó descontento e inquietud en el gobierno virreinal, quien se negaba a reconocer que esta nueva publicación era un instrumento tan eficaz como las armas de fuego de los insurgentes. En el quinto número de El Ilustrador Americano (10 de junio de 1812), se daba a conocer el Manifiesto de la Nación Americana a los europeos de este continente; un Plan de Paz y otro Plan de Guerra. En ellos se expresaba que “la soberanía reside en la masa de la nación” y que ésta se hallaba lógicamente representada por los nacidos en suelo americano, ya que “después de lo ocurrido en la Península y en este continente desde el trastorno del trono, la nación americana es acreedora a una garantía para su seguridad, y no puede ser otra que poner en ejecución el derecho que tiene de guardar estos dominios a su soberano, por sí misma, sin intervención de gente europea”. También se manifestó como uno de los primeros defensores de los derechos humanos en América Latina, pues propuso que la lucha no se hiciera sin respetar la condición humana de ambos contendientes, así como de los prisioneros para que “no sean tratados como reos de lesa majestad”.

Desaparición
El primero de junio de 1812 el gobierno virreinal, por medio de un bando prohibió su circulación y lectura; lo mismo hizo el cabildo eclesiástico, en un edicto pastoral fechado el 3 de junio del mismo año se prohibía la lectura del diario y se daban a conocer las penas establecidas en el Derecho Canónico contra autores y encubridores de libelos sediciosos, y se ordenaba entregar los ejemplares que se tuvieran y denunciar a los poseedores de los mismos. Fue tan eficaz la persecución que se logró la desaparición de casi todos los ejemplares.

En sus 11 meses de duración, se editaron 38 números ordinarios y tres extraordinarios de El Ilustrador Americano. Su vida fue efímera pero, como nos ha enseñado toda la prensa insurgente de América Latina, los principales combates por la independencia no siempre se libraron en los campos de batalla. Algunos de ellos tuvieron lugar en el ámbito del pensamiento de sus protagonistas.

Al igual que la prensa insurgente de otros países de América Latina, esta publicación jugaría un importantísimo papel para mantener viva la antorcha libertaria, aún incluso, hasta nuestros días.

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