Responsables del caos y del cambio

Las tendencias actuales de consumo y de mercado nos dicen que entre más consumamos más “se mueve” la economía.

Geovany Delgado Hidalgo, MBA
Ing. Agr.

Esto probablemente es cierto, pero deja de lado otros aspectos que no son económicos. Basta con asomarnos al río más cercano en nuestro pueblo (sobre todo si hay una población numerosa), para ver que ese río en realidad ya no existe; lo que pasa por allí alguna vez fue agua, pero ya no. Ahora es espuma, bolsas, trapos, llantas, y hasta cocinas y refrigeradoras, aunque parezca increíble. Y cuando llueve, esos materiales se atascan en las alcantarillas, provocando inundaciones y daños materiales y humanos.

Muy probablemente a ninguno de nosotros nos gusta ver un paisaje de este tipo, y todos pensamos: Qué increíble a lo que hemos llegado! Pero sucede que no es con preocuparnos como las cosas se van a solucionar. Hay que tomar acciones concretas, o sea ocuparnos. ¿Estamos haciendo algo en el plano personal o familiar para recuperar nuestros recursos naturales, recursos de los que al final dependemos todos?

Como ejercicio, les voy a proponer la siguiente autoevaluación en forma de cinco preguntas sencillas, para hacernos una idea de nuestro grado de responsabilidad cuando desoladamente miramos ese río que ya no es río:

  1. Adónde va a parar el agua jabonosa de nuestro fregadero y baño? ¿Directo a la cuneta, la cual la conduce directo al río y luego al mar? ¿O Está entubada y manejada de una forma que no se descarga directo a los pasos de agua?
  2. ¿Qué tipo de detergentes y jabones usamos? ¿Son biodegradables? ¿Tenemos certeza de ello?
  3. ¿Tenemos una trampa de grasa para limpiar el agua de salida?
  4. ¿Recogemos en lo posible el aceite de cocina sobrante de los utensilios, para evitar que éstos lleguen a las aguas? (el aceite es altamente contaminante para el agua)

Puede que cuando tengamos las respuestas sinceras a estas preguntas, nos demos cuenta que somos partícipes activos, más de lo que imaginamos, en que los ríos ya no sean ríos, sino cauces muertos por donde pasa el “progreso”. Pero esto es sólo un ejemplo, pues la cosa no termina allí. Tal vez no nos maginamos que en grandes fenómenos ambientales, económicos, e incluso sociales, seamos participantes activos sin tal vez tener conciencia de ello. Y no me limito a lo ambiental porque como seres individuales o como sociedad es imposible simplificar todo a una sola dimensión. Permítanme sólo un ejemplo más.

Cuando decidimos comprar los granos básicos (arroz y frijoles) fijándonos sólo en su precio y sin importarnos su origen, podríamos estar apoyando el comercio internacional en detrimento de los productores locales. No crea que no pasa nada con esta decisión; cuando una familia campesina ve que año con año no puede vender bien su producto, tiene que buscar alternativas, y en muchas ocasiones esta alternativa es vender su finca y viajar a la ciudad. Conozco muchos casos, por lo que puedo dar fe de que esto es una realidad. Una vez en la ciudad, ya no hay vuelta atrás, pues ya no tienen su terreno. De este modo se da la sobrepoblación en la ciudad, muchas de estas personas deben ir a trabajar en lo que haya, sólo para subsistir, y los que no tienen suerte tienen que comer también, así que hay más probabilidad de que tengan que robar para conseguir su sustento. Todos hemos vivido de cerca casos de delincuencia y descomposición social (con esto no quiero decir que la delincuencia sea consecuencia únicamente de lo anterior). Todo esto ocurre silenciosamente mientras Usted y yo, decidimos inconscientemente dejar de apoyar a los productores nacionales y preferimos los productos importados. Luego, al igual que el caso del río, nos lamentamos de cómo ha cambiado el mundo, sin percatarnos de que tal vez, nosotros somos partícipes activos de este desenlace, y lo más importante, muchas veces sin percatarnos de que podemos (y deberíamos) hacer algo al respecto.

Todo lo anterior lo podemos resumir en una frase: Nuestras decisiones de consumo diarias, así como nuestros actos por más pequeños que parezcan, son de trascendental importancia. Somos corresponsables de muchos de los acontecimientos que estamos viviendo, y si logramos tomar conciencia de nuestra responsabilidad, podemos hacer algo para que las cosas mejoren.

Cada pequeño acto individual tiene consecuencias  a veces inimaginables, porque nuestras acciones se suman con las de otros provocando un efecto   avalancha a veces imperceptible.