“Me gustaría vivir como vivo, pero pudiendo”

Steven Mejías Rodríguez, Máster en Administración de Empresas
Consultor en Dirección de Empresas Familiares
FAMBUSINESS COSTA RICA
Steven Mejías Rodríguez, Máster en Administración de Empresas
Consultor en Dirección de Empresas Familiares
FAMBUSINESS COSTA RICA

El espejismo de vivir por encima de tus posibilidades.

Basta con encender la televisión, leer un periódico o revista, escuchar la radio, navegar en internet, interactuar en redes sociales, o incluso utilizar aplicaciones gratuitas de los dispositivos móviles; el bombardeo publicitario es quizás, de una magnitud nunca antes vista, el objetivo, sin duda, tu billetera, lograr atraer la atención para controlar tu subconsciente y de esta manera alcanzar el objetivo que el marketing persigue por excelencia: las ventas.

Hasta hace algunas décadas, las familias solían ser más austeras, o si quisiéramos ser más asertivos en la definición, diríamos que estaban más conscientes de sus posibilidades financieras y sus estilos de vida, estaban más en concordancia con sus ingresos, tenían hábitos de ahorro, solían disfrutar de lo que tenían y se preocupaban menos por lo que no tenían. Si necesitaban algo para su casa evaluaban el nivel de prioridad del artículo o servicio y de decidirse por adquirirlo, esto estaba generalmente ligado a las disponibilidades inmediatas de efectivo para tal fin; de no contar con el dinero, era bastante probable que acudieran a sus ahorros o bien esperaran hasta tener el dinero para adquirirlo, y generalmente si lo que necesitaban resultaba de primera necesidad, hacían sacrificios importantes para reducir sus gastos de manera tal que pudieran incrementar el ahorro y disminuir el tiempo de espera para comprar. De igual manera existía una clara cultura de que, si aún podías repararlo, debías hacerlo, antes de adquirir algo nuevo para sustituirlo.

Los años han pasado y las familias modernas están más acostumbradas a una sociedad que ha propiciado los mecanismos necesarios para que “no tengas que esperar por lo que deseas”, para que ya no sea necesario reparar lo que se ha dañado si puedes tener un nuevo sustituto, que es más moderno y funciona mejor, sobre todo cuando pareciera que la innovación ha sustituido a la calidad, y esta última ya no inclina la balanza a la hora de decidir.

Las necesidades parecen ir en una curva de crecimiento infinita, no importa en qué espacio de tu vida real o virtual estés, encontrarás algo nuevo que te resultará interesante y hasta necesario para alcanzar “la felicidad” que todos están en constante lucha por encontrar.

Y como si no fuera suficiente, el otorgamiento de crédito se convirtió en el negocio del siglo, “aquí no te decimos que no” se transformó en el lema de quienes lo que buscan es incrementar sus niveles de ventas, y que, no están pensando en si vas a llegar a fin de mes con tu salario.

El artículo por excelencia en tu cartera se llama “tarjeta de crédito”, “dinero plástico”, o cómo quieras llamarlo, que no es ni más ni menos que un prestamista que te acompaña de noche y de día y que, con algunas excepciones, no te dice que no, y está ahí para “ayudarte” a adquirir lo que necesitas hoy, sin tener que esperar, no importa si podrás pagarlo mañana.

Si tu vecino puede ir de compras a Estados Unidos, tú también, si tu colega de trabajo compró el teléfono nuevo de última tecnología, tu también puedes comprarlo, por qué ver los partidos del mundial en una televisión de 32 pulgadas si puedes hacerlo en una de 52, consume sin parar, de todos modos, pareciera que ahora lo más importante es tener, por encima del ser.

Sin importar tu estatus social o el lugar en donde trabajas, o incluso aún si no trabajas, recibirás una llamada al menos una vez en la vida para ofrecerte un crédito, una tarjeta, un viaje de fin de semana, o cualquier otra cosa que se te ocurra, si alguien lo inventa, alguien intentará vendértelo.

Según datos recientes de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) cada costarricense, en promedio, debe hasta ¢615.000 por cada tarjeta de crédito que posee y la cantidad de tarjetas de crédito en circulación aumentó 125% en los últimos 8 años.

No hace falta ser experto en finanzas para saber que Ingresos > Gastos = Libertad Financiera, y que, si bien las deudas son necesarias muchas veces, hay deudas buenas y deudas malas, y la clave está en conocer la diferencia.

Cuando sientas el impulso de comprar algo, siempre hazte primero la pregunta de si realmente lo necesitas y si la respuesta es afirmativa, entonces pregúntate ahora si puedes pagarlo, si está dentro de tus posibilidades y si corresponde a un bien o servicio que está en concordancia con tus ingresos.

Que no se malinterprete el discurso, no tiene nada de malo querer incrementar tu nivel de vida, lo importante es que comprendas que, si deseas un mejor bienestar, debes aumentar tus ingresos y no tus deudas, hacer lo segundo solo hará que tus gastos sean mayores que tus ingresos y que la diferencia tengas que cubrirla con deuda que en el corto plazo se convertirá en una bola de nieve.

Entrena tu mente todos los días para decir que no de vez en cuando, hacerlo podría parecer que hiere a alguien, pero en realidad solo evitará herirte a ti mismo, la Libertad financiera pareciera un estatus inalcanzable hoy, pero está al alcance de un no puedo, quizás no debo, o un puedo esperar.

Que “quisiera vivir como vivo pero pudiendo”, no se convierta en la frase que defina tu situación financiera. Procura siempre la vida que tus finanzas te permitan disfrutar.

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