El maldito individualismo en tiempos del COVID19

Por Wílmer Oconitrillo Espinoza / Tw @Wil_Oconitrillo

La sociedad sufre un cáncer, un mal que antecede al virus que ahora nos distancia. Las personas ya habían decido distanciarse desde antes, más no por aislamiento sino por el ego, por las acciones individualistas que descartan caminar pensando en coexistir como grupo, se levantaron muros de apatía, no de cemento.

Sin caer en etiquetas políticas de socialismos, capitalismos o cualquier corriente ideológica, que son también otra forma de distanciarnos, yendo a lo más básico de la convivencia humana, se ha caído en el mal refrán: “primero yo, segundo yo y tercero yo”… Las personas anteponen su bienestar por encima incluso del hermano, el egocentrismo antes del razocinio y cada quien se concentra en su propia comodidad, aunque esta implique la incomodidad del vecino.

El costarricense se ha distinguido, cabe anotarlo, por la solidaridad en situaciones apremiantes; sentimiento y accionar que incluso ha sobrepasado fronteras, cuando otros lo han necesitado ahí estamos, moviéndonos por aportar, pero, sin ser pesimistas, cuantos de esos han documentado con una foto o vídeo para el “face”, para que se note que están ayudando y eso, también es egocentrismo, casi narcisismo en algunos casos.

Tal como el cáncer, el individualismo actúa silenciosamente en las entrañas, si apelamos al beneficio de la duda podríamos pensar que algunas de esas personas siquiera son consientes de su horrible forma de actuar, cuando inescrupulosamente nos saltamos la fila (cualquier fila), cuando aparcamos el auto en media calle para recoger los chicos en la escuela (o cualquier otro lugar) sin importar los demás autos que necesitan transitar, cuando ocupamos el espacio para personas con discapacidad, cuando pagamos la “mordida” en un servicio público para ser atendidos antes o mejor, incluso cuando en una mesa queremos dominar el tema sin dejar que todos expongan su punto de vista; aquel que enciende su equipo de sonido cual discoteca sin importarle si el vecino quiere estar en silencio o tiene a alguien enfermo en casa, los grupos que en la playa disfrutan y al final dejan un basural ¿en quién y en qué piensan sino en ellos mismos?, quien se sienta frente a sus padres o hermanos pero ensimismado en un dispositivo electrónico, ese que conduce el auto mirando el teléfono sin importarle causar una muerte, va sonriente y por dentro lleva a un asesino en potencia capaz de arrebatar la vida de otro, ¿acaso no es eso el extremo del individualismo? Lo mismo quien tala un bosque, destruye una montaña, contamina un río en busca de su beneficio económico. Seguramente usted podría agregar unas cuantas cosas, basta observar siendo conscientes incluso de nuestro propio egoísmo.

¿Y ahora?

En situaciones límite se conoce mejor a las personas, puede ser que almas generosas surjan o puede que todos los demonios con los que cargamos se junten en un solo aquelarre. ¿Qué ha visto usted?, carritos de supermercado abarrotados de raciones (quien puede lleva más), personas saturando los servicios de salud porque tosieron dos veces, gente en las calles como si la emergencia no les atañe, olvidando que nadie está exento de ser portador y transmisor; pocos se preocupan por el otro.

Ciertamente ante la amanezca y la constante advertencia, han surgido acciones solidarias, sea por humanidad o por miedo pero ¿Qué pasará cuando la amenaza haya mermado?

“En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.” Eugenio Trias, Filósofo español.

La humanidad debe comprender que todo ha cambiado, la catástrofe mundial (que no se puede llamar de otra forma, ante los miles de muertes y la caída descomunal de la economía) nos confronta con un panorama incierto, pero bajo un factor común, la necesidad de ser más solidarios y empáticos. No se puede seguir por la vía del individualismo, quien siga pensando que el mundo gira en torno a sí mismo, seguirá siendo parte del virus que hemos probado ser como habitantes de un planeta, irónicamente los más inteligentes y estúpidos a la vez.

Es atrevido dibujar un panorama a futuro, ni siquiera los gobiernos tienen claro el rumbo a seguir al parecer, utópico pensar en medidas trasfronterizas unificadas. Aún no existe vacuna, lo que significa que el virus seguirá vigente, miles de desempleados, negocios en quiebra, bancos que no resuelven rápidamente el proceder con las operaciones crediticias, familias en apartamentos sin más que una ventana al exterior, verán su salud mental afectada por el encierro y por todo lo ya mencionado.

Optemos por medidas hoy, acate las indicaciones estrictamente del Ministerio de Salud, no divulgue falsas noticias, por su salud mental no vea más información de la que pueda tolerar, opte por la lectura, llame a quien hace tiempo no ve, considere el trueque de servicios, bienes, alimentos, sonría al vecino cuando menos de ventana a ventana, acompañe a los más solos por medios posibles y seguros. Si no trascendemos ahora las consecuencias serán graves, y mucho más graves cuando vengan nuevas catástrofes de las que no estamos exentos. Nos queda al alcance el espíritu, la esperanza, el amor, las palabras, el apoyo desinteresado y solidario en común unidad para formar desde ahora una nueva sociedad.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*