¡Aprender a decir que NO! Un paso hacia tu libertad…

¿Eres de las personas que se les dificulta decir que NO sin sentirse culpable o que estás dejando de cumplir con tus responsabilidades?

Es importante en primera instancia, realizar un autoanálisis que permita determinar en el día, semana o mes cuántas veces hemos tratado de decir que NO sin al final poder evitarlo, esto relacionándolo directamente con la cantidad de actividades, tareas o responsabilidades que asumimos y que terminan consumiendo una cantidad importante de tiempo que satura generando estrés al ser insuficiente para cumplir con todo lo que tenemos que hacer.

Para decir que NO se debe empezar por hacer conciencia y reconocer que existe un manejo inadecuado de nuestras emociones, donde muchas veces se aceptan responsabilidades sin pensar en los recursos, tiempo y consecuencias que vamos a tener, esto por asumir obligaciones que no son nuestras, lo cual crea un desequilibrio que nos lleva a un estado de impotencia al alterarse constantemente la planificación de nuestro día o semana.

Una vez que se reconoce la necesidad de hacer un alto en el camino, se debe echar mano de los recursos disponibles que tenemos para afrontar de forma decidida, empática y segura este tipo de situaciones que nos comprometen, esto haciendo una pausa que permita tomar la decisión más asertada antes de aceptar una responsabilidad más por el simple hecho de complacer a la otra persona o creer que tenemos la autosuficiencia de cumplir satisfactoriamente con todo.

Este ejercicio de pensar primero, ordenar las ideas y finalmente actuar como respuesta a las propuestas que recibimos, determina ese paso entre asumir o NO lo que muchas veces se acepta y posteriormente nos arrepentimos siendo ya demasiado tarde.

Una de las técnicas más útiles en el aprendizaje de cómo decir que NO, consiste en procesar la información antes de tomar la decisión imaginando que estamos frente a un semáforo.

Ante una pregunta o responsabilidad extra que nos quieran asignar y se salga de la planificación o disposición de nuestros recursos, se debe programar la mente en ver la luz roja del semáforo que nos va a indicar inmediatamente que hay que detenerse para pensar la decisión, y en dado caso, pedir un tiempo prudencial para dar una respuesta posteriormente.

Es en esta etapa de reflexión, es donde se debe de asimilar este proceso con la luz amarilla del semáforo, la cual indica que se debe de valorar la propuesta realizada y dar un espacio antes de asumir el compromiso. Finalmente, la luz verde del semáforo debe reflejar la respuesta final que puede ser negativa o afirmativa, esto dependiendo del análisis que se haya realizado de forma conciente y realista.

Educar tu mente te va dar resultados positivos e inesperados si lo haces de forma disciplinada y sabiendo que es un proceso paso a paso, ¡No te sientas culpable, decir que NO puede significar la liberación de cargas que NO son tuyas!

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