Luisito el del parque: “hice realidad el sueño de papá, pensionarme”

Durante 17 años, una voz inconfundible se escuchó en el parque Alberto Manuel Brenes Mora de San Ramón. La voz de Luis Pedro Orozco Rojas, “Luisito” como le llaman quienes lo conocen, fue uno de los encargados de darle vida al parque ramonense.

Luis Pedro Orozco Rojas trabajó 17 años con la Municipalidad de San Ramón.

Entre jardines, árboles y asientos, el sonido de un rastrillo acompañó la infaltable sonrisa de Luis, quien hace poco más de dos meses se acogió a su pensión, tras laborar desde el 2005 como funcionario de la Municipalidad de San Ramón.

“El sueño más grande que yo tenía era cumplirle a mi papá el deseo de verme pensionado”, asegura con la tranquilidad de haber cumplido su promesa.

Luisito es oriundo de Rincón Orozco, del distrito de San Rafael de San Ramón. Nació el 23 febrero de 1956 y en su vida se ha dedicado a varios oficios, entre ellos agricultor, jardinero y también fue pintor.

“Antes de trabajar en la municipalidad me dedicaba a trabajar con mi papá en agricultura. Desde que tenía 8 años hasta que me casé hace 32 años. Trabajé como pintor con un cuñado y Luego comencé a trabajar haciendo los jardines de la Escuela Jorge Washington. También hice el mantenimiento de jardines en Cabinas La Cima”, recordó.

Luis está casado con Floribeth Ramírez Rojas, no tiene hijos.

“Trabajar tantos años en el parque fue muy bonito, yo no me quería pensionar, pero las circunstancias por el Covid-19 lo ameritaba. Además, el tema de las pensiones está feo, era mejor agarrar algo y no quedarse sin nada”, explicó.

Un parque lleno de recuerdos

Día a día, Luis Pedro empuñaba el rastrillo, la escoba y la pala para darle forma a los jardines del parque de la Ciudad de Los Poetas. Ahí fue testigo de muchas anécdotas y también fue partícipe de historias.

“Uno de los momentos que más recuerdo fue cuando un día llegué a trabajar, a eso de las 6 de la mañana, y me encontré con un gallo cantando, era un gallo fino muy lindo. Lo dejaron botado. Este animalito se quedó tres años hasta que se murió. Luego lo reemplazaron por otro, pero a este lo robaron”, describió.

Por su diaria labor, Luis tuvo contacto con muchas personas que llegaban de manera frecuente al parque. Según dice, hoy extraña a algunos con quienes hizo un poco más de amistad.

“Yo hablaba con muchos, pero recuerdo en especial a un señor que llegaba siempre con un doberman pincher.  Ese señor era muy buen amigo, lo extraño mucho”.

Una leyenda dice que en el parque ramonense si alguien a eso de las nueve de la noche le da doce vueltas al árbol de corcho se desaparece. “Una vez le di varias vueltas, pero al mediodía porque la verdad me miedo que se haga realidad eso de perderse uno”, dijo entre risas.

Según dice, extraña mucho el trabajo en el parque. Sin embargo, su tiempo libre lo está llenando bastante con hacer trabajos en su casa, donde posee un lote grande que lo utiliza para sembrar y hacer otras labores.

“Yo soy amante de conocer lugares. Me encanta andar de paseo y también uso parte del tiempo en viajar.

A estas actividades, une su pasión por cuidar a su perro pequinés maltés y  disfrutar de la llegada de gorrioncillos, a los que les pone comida e incluso alimenta en su mano.

Futbolista, comelón y bueno contando chistes

Ser de estatura baja no ha sido un problema en la vida de Luis Pedro Orozco Rojas. Siempre se las ingenió para trabajar.  Cuando fue pintor se hizo especialista en hacer rodapiés o pintar marcos de puertas y ventanas.

Pero si algo le causa risa fue su paso como futbolista, ya que con 25 años de edad, jugó varios campeonatos donde competían niños con edades entre los 8 y 11 años de edad.

“En Zamora me tuvieron en un equipo. Jugué tres campeonatos. Me sacaban un permiso para poder jugar. Una vez me llevaron a jugar contra un equipo de la Liga, cuando salí del partido la gente afuera decía que chiquillo que jugaba bien, me los bailaba a todos”, recuerda entre risas.

Es fiel seguidor de la Liga Deportiva Alajuelense y según dice, es una amante de comer arroz con camarones. “Eso sí, el arrocito hay que acompañarlo con un buen trago”, afirma.

Es el mayor de diez hermanos, y como broma dice “soy el más grande en edad de la casa, pero también el más chiquitillo”.

“Podría decirse que soy una persona muy conocida. Algunos me conocen con el apodo de “huevillo”, eso no me incomoda”, concluyó.

La agricultura es parte de sus pasiones.

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