Madre Verde, el pulmón natural de Palmares renueva metas para crecer

La Reserva Madre Verde, ubicada en Palmares, es reconocida por la belleza de sus atractivos naturales, protegidos con el esfuerzo de la Fundación Madre Verde y de un grupo de voluntarios, quienes han asumido el reto de renovar ideas para lograr un mayor crecimiento de este espacio natural, ubicado al noroeste del cantón de Palmares.

La Reserva es un parche de bosque en recuperación que incluye zonas reforestadas y otras en regeneración natural, bajo la categoría de Reserva Privada. Posee gran diversidad de flora y fauna, misma que ha evolucionado a través del tiempo. 

Pamela Campos Chaves, Delegada Ejecutiva de Fundación Madre Verde y Administradora de Reserva Natural Madre Verde, explicó que en la actualidad están trabajando en un proyecto para lograr obtener una acreditación del Instituto Costarricense de Turismo que les permita desarrollar el turismo de una forma más sostenida.

“Estamos terminando los trabajos para cumplir con todos los requisitos para operar como destino turístico, avalado por el Instituto Costarricense de Turismo. Hay diversos lineamientos que se deben completar en temas de permisos, incluidos los del Ministerio de Salud”, comentó la funcionaria.

La Fundación Madre Verde es una organización No gubernamental, sin fines de lucro, constituida el 03 de enero del 2000.

En la actualidad, la Reserva puede ser visitada de miércoles a domingo en horario de 7 a.m. a 2 p.m. Quienes asisten al lugar encuentran la aplicación de los protocolos necesarios para evitar la propagación del Covid-19.

La Reserva cuenta con cuatro senderos debidamente delimitados: Sendero Jardín de polinizadores (135m), Las Bromelias (550m), Sendero La Piedra del Coyote (915 m) y Sendero Tolomuco (900 m). Los mismos están provistos de gradas y barandas. Pueden visitarse dos miradores, uno de ellos con vista al Valle Central y el otro al cantón de Palmares, el Cerro Espíritu Santo y algunos volcanes de la Cordillera Volcánica Central.

Además dentro de la Reserva se encuentra un jardín de polinizadores (en construcción), zonas verdes, la antigua lechería que forma parte de la historia de la Reserva, y el Centro Ambiental La Oropéndola (oficina, cocina, comedor, sanitarios, aula educativa).

“Quienes deseen ingresar brindan una colaboración de mil colones, dinero que se utiliza para fortalecer el trabajo organizacional y dar mantenimiento. Se han hecho mejoras a lo interno. Hay ingreso controlado con horario fijo. Esto ha permitido mejorar la seguridad de quienes trabajan  y de los visitantes”, aseguró.

Actos de vandalismo dañan  patrimonio natural

“Hemos estado experimentando el irrespeto al espacio de la zona. Hay personas que ingresan en lugares no permitidos, en horas no autorizadas  luego del cierre. Vienen a hacer consumo de droga, licor y algunas veces han dañado parte de la infraestructura, rótulo y el patrimonio natural”, destacó la administradora de la Reserva.

Según dijo, en Semana Santa fue una temporada muy crítica. Posterior a ella ha ido bajando los casos de vandalismo, aunque no se ha eliminado del todo.

“No tenemos recursos para tener guarda de seguridad en el día o la noche. Nosotros somos los que hacemos vigilancias del cumplimiento de reglas internas. Las personas deben hacer conciencia sobre el objetivo del lugar, que no lo confunda con otros”, añadió Pamela Campos.

Comentó que las personas que evaden el control oficial a la Reserva, lo hacen sin tener conciencia de que la situación actual por Covid-19 conlleva  mantener un control sobre la cantidad de usuarios, ingreso y salida lo que puede ayudar a evitar problemas.

“Algunos se sienten controlados, eso ha sido un problema.  Esas personas entran por accesos ilegales utilizados por cazadores y personas que quieren robar”, añadió.

Especificó que en periodos de mayor visitación hay patrullaje con personas que vigilan el lugar y recorridos con voluntarios. Se cierran los  accesos ilegales, pero la gente los vuelve a abrir.

“Hay un proyecto de siembra de cercas vivas, utilizando especies idóneas para cerrar accesos; estas son más económica y más duraderas. Hay rotulación informativa en los límites de la reserva para que haya claridad. Hay propietarios de fincas que están limitando con la Reserva  que nos ayudan”, concluyó.

Sobrevivir en tiempos de pandemia

La pandemia por Covid-19 cambió drásticamente el manejo de la Reserva. Antes de junio de estaba abierta de manera total, sin controles. Con la pandemia aumentó la limitante de recursos, lo que se unió a una  mala cultura, entre las personas, que creen pueden hacer lo que quieran. Se cerró durante los periodos establecidos por el Ministerio de Salud.  

“Nos hemos diversificado para generar los recursos necesarios. Obviamente la actividad de educación ambiental  y de acercamiento comunal se ha reducido. Económicamente nos hemos visto afectados. Se venden mascarillas de tela y productos compostables para generar dinero”, detalló la administradora.

Añadió: “Hemos tratado de que la ejecución del plan estratégico se vea afectado lo menos posible. Hay voluntariado colegial, universitario y extranjero. Hay proyectos de investigación. Ya hay educación ambiental a distancia con redes sociales”, sostuvo.

Dijo que, además, ya se venden de nuevo los servicios de asesoría ambiental para obtener bandera azul a empresas interesadas en recibir este reconocimiento.

“Hay empresas que nos han quitado la contribución mensual. Es entendible y agradecemos a las empresas que han mantenido la ayuda  a la Fundación. Se ocupan donaciones. Ofrecemos paquetes ecoempresariales, mediante los cuales nos dan ayuda económica y se les brinda publicidad. Hay personas físicas que hacen donación económica, todos los aportes son importantes”, destacó.

Para el control y protección dentro la Reserva, se cuenta con un grupo de apoyo conformado por voluntarios (as) del cantón de Palmares.  Foto ilustrativa.

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