Asociación Prestando Nuestras Manos a Dios lleva ayuda a indígenas de Talamanca

Han pasado 14 años, desde que un grupo de habitantes del cantón de San Ramón y otros lugares del país, tomaron sus manos para ponerlas al servicio de la población indígena costarricense.

Prestando Nuestras Manos a Dios es una organización interdenominacional sin fines de lucro, que tiene como objetivo desarrollar actividades espirituales, culturales, educativas y científicas para el desarrollo humano, así como desarrollar programas de salud integral, alimentación y capacitación.

“Somos una asociación no adscrita a ninguna iglesia o religión en particular y nuestro trabajo lo realizamos buscando generar mejores condiciones de vida para los niños y niñas de bajos recursos especialmente del cantón de Talamanca en Costa Rica”, explicó Ligia García Rodríguez, una de las encargadas de impulsar el proyecto.

La actividad en Talamanca reúne juguetes para más de 5 mil niños.

La misión comenzó hace ya varios años en el seno de una familia ramonense que soñó con compartir su Navidad. Al principio eran unos cuantos… después se sumaron… y sumaron hasta ser cientos de colaboradores. Con su aporte desde Casa Nazareth, otra agrupación dedicada a colaborar en este proyecto, vino la idea de hacer de la Navidad un tiempo más feliz para los niños y familias de Talamanca.

“Somos gente que prestamos las manos a Dios. Es hacer efectiva la ayuda al necesitado, llevamos comida, ropa, un juguete en la época de diciembre. Estamos activándonos buscando hacer una ayuda permanente, como respuesta a las personas que necesitan”, aseguró García.

Precisamente, en el mes de junio se desarrolló una campaña para recolectar alimentos, los cuales fueron llevados a Talamanca, con el objetivo también de ir planeando el trabajo para el mes de diciembre.

Una semana de mucho trabajo

Quienes deciden unirse, como voluntarios a esta iniciativa, se enfrentan a diversos retos: una semana cargada de trabajo por la cantidad de fiestas a preparar y desarrollar, trasladar los juguetes y alimentos desde San Ramón y distribuirlos en la zona alta y baja de Talamanca.

“El proyecto me representa todo un aprendizaje, porque más que dar es darse. Ha sido llevar ayuda a población olvidada, ignorada por la sociedad y por el gobierno local y nacional. Uno ve que estamos en el mismo país y se ven esas limitaciones, les falta agua potable, un techo digno, no tienen que comer”, comentó Graciela Fernández Solís, Tesorera de la Asociación Prestando Nuestras Manos a Dios.

De acuerdo con Ligia García, durante la visita de fin de años se trabaja, 24 horas seguidas.

“Se trabaja de día y noche. Se hace por turnos para cocinar, para llegar a donde están los lugares donde se hacen las fiestas. Hay un centro de acopio, donde se hace la organización de cocinar y cargar camiones. Son muchas las personas atendías, entre 18 o 20 mil personas. No es solo una fiesta. A veces hay que trasladarse hasta 3 o 5 horas para llegar a donde están ellos”, relató.

La principal motivación de los voluntarios es hacer realidad un momento de felicidad para los indígenas. Cada participante debe financiarse su viaje.

Los voluntarios preparan cada día sus alimentos.

“Es lindo poder motivar a la gente a aprender de que se da lo que se tiene, no lo que sobra. A veces ayudar es dar tiempo, compartir una publicación, ir a Talamanca; es ayudar sin esperar nada a cambio. Es dar sabiendo que la vida devuelve todo. Las acciones positivas se vienen en bendiciones personales”, destacó Graciela Fernández.

Aportes salen del corazón

La Asociación Prestando Nuestras Manos a Dios no cuenta con un financiamiento externo permanente. Según sus dirigentes tampoco reciben ayudas de instituciones públicas. Pero para su fortuna, las manos solidarias siempre responden a sus peticiones.

“Buscamos todos los medios para tener ayudas, casi siempre salen mano a mano, no hay institución que nos ayude. En algún momento alguna empresa privada se ha solidarizado. Algunas veces en escuelas hay campañas de ayuda, pero es voluntad de las personas. Vamos tocando puertas y corazones, hacemos bingos o eventos para hacer fondos”, describió Ligia García.

Uno de los mecanismos más utilizados es el de solicitar que las personas apadrinen a algún niño, mediante la donación de algún regalo.

“Ver en sus rostros cierto temor y tras este, una sonrisa pícara, hacen olvidar a los visitantes el tiempo y las dificultades del viaje”, comentó Fernández Solís.

Ella agregó que quien tenga oportunidad de integrarse al proyecto, se topará con una realidad muy fuerte: en la que los pobladores de las zonas indígenas no son valorados, enfrentan falta de agua potable y hasta una vivienda digna.

Pese a esto, Ligia García resalta que la satisfacción de colaborar es mucho mayor. “Satisface hacer lo correcto, en el lugar correcto y con las personas correctas. Es lindo poder ayudar y saber que esa persona no va a poder devolverte el favor. Los niños pobres somos nosotros, ellos son la oportunidad de bendecir. El ser humano necesita poder ayudar, es la mayor satisfacción, cuando uno va y da se da cuenta de que esta lleno, pleno”, explicó.

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