La crisis colateral, un fantasma sigiloso

Wílmer Alonso Oconitrillo Espinoza. Escritor y narrador
arte@oconitrillo.com

La crisis colateral, un fantasma sigiloso

Él, habla poco, se enoja con regularidad, mueve los hombros y la cabeza, seguido de una expresión de dolor que le corre desde la cabeza hasta la cintura, apaga la cámara del “Zoom”, va a la cocina, sirve un trago de licor y lo bebe de un sorbo, vuelve a la reunión que se prolongará hasta horas de la noche. No siente hambre, se acuesta y con la cabeza sobre la almohada mira el cielorraso por horas.

Marzo 2020. Incertidumbre, miedo, negación, se vislumbraba la punta del iceberg –¡Serán unos tres meses!– pensábamos.

De pronto nuestras casas se convirtieron en prisiones. Salir a las calles implicaba cubrirse la mitad del rostro (Antes de esa fecha, mirábamos con desconfianza a cualquiera que caminara con tapa bocas) Se agotó el papel higiénico y hoy, aun no sabemos la razón.

Para algunos, surgió una oportunidad para convivir más con su núcleo familiar, incluso para desarrollar ideas que estuvieron engavetadas por falta de tiempo. Otros menos afortunados, perdieron sus trabajos. Miles siguen perdiendo familiares y amigos.

No conocíamos en carne propia crisis igual. Quienes de niños vivieron las guerras de mitad del siglo XX en Costa Rica, hoy rondan los ochenta años y tienen un vago recuerdo de lo que vivieron. La crueldad que azotó con la peste del cólera y que cobró harta cantidad de vidas, tan solo queda en papeles, muchos siquiera conocen tal episodio en la historia del país.

Hoy acerca del Covid, ya no queremos leer ni escuchar más, pero deambula un fantasma sigiloso por las casas, edificios, calles, uno del que se habla menos. Llegó colgando de la cola del monstruoso virus, tiene varias caras: Ansiedad, pánico, estrés, insomnio. No tiene miramientos de ningún tipo, no reconoce edades, géneros, ni estratos sociales.

Del virus, vemos cifras, se contabilizan los casos. De los afectados por ese espectro sabemos poco, están a nuestro lado, a veces fingiendo una sonrisa, procurando que todo luzca en orden. En sus cabezas, el fantasma clava agujas como a un muñeco vudú, punzadas que suenan como miles de palabras, se ven como imágenes, se siente como tristeza, desconsuelo, angustia, asfixia, muerte.

A las víctimas se les nubla la razón, no saben cómo proceder. Hablarlo con alguien cercano sería preocuparles también, prefieren cargar todo el peso a solas ¡Grave error!

Las fisuras en la salud mental suelen empeorar cuando no se atienden. El cerebro empieza a somatizar, busca la manera de hacer visibles esas agujas que le están penetrando sin tregua. Surgen entonces: dolores de cabeza, brotes, irritaciones, erupciones en la piel, estreñimientos crónicos, entre otras tantas formas de pedir auxilio que tiene nuestro sistema nervioso.

Buscar ayuda es indispensable. Debemos suprimir la errada etiqueta de: “Quienes van al psicólogo o psiquiatra, están locos”. Se trata de profesionales en la salud, son ellos los  capacitados para ayudar a cualquier persona a superar una crisis. Existen vías, acompañamientos, ejercicios, pero cuando la persona no logra salir a flote, lo ideal es recurrir a un profesional. La salud mental debe tomarse muy en serio, un sistema nervioso severamente afectado puede desembocar en un cáncer.

Esta crisis colateral es una realidad, silenciosa y cruel, afecta a cualquiera, inclusive niños.

Es probable que usted o alguien cercano lo esté sufriendo y no quiera externarlo.

Por el bien común, esté atento y solícito a brindar apoyo, no lo tome a la ligera.

–Como escritor de esta nota, advierto que no lo hago desde una perspectiva médica, sino como un observador sensible, en algún momento, víctima de las mismas circunstancias–

Algunas alternativas a las que podemos recurrir por nuestros propios medios son: el ejercicio, escuchar música alegre, la compañía, los abrazos, dibujar y colorear (sobre esto se puede encontrar información en internet) Adicionalmente, algunos profesionales e instituciones ofrecen atención psicológica de bajo costo: la UCR, U Católica, UNIBE, U Latina, UCASIS, Fundación Ser y Crecer, FUNDEPO, U Hispanoamericana, Instituto WEM, Fundación AMY, para los cuales se sugiere indagar los contactos y servicios actuales que brindan.

Tenga siempre presente: Todo pasa.

______

Lucía y Federico son hermanos, miran por la ventana, a través de las verjas, ella aprieta el brazo de él, él mueve un pie sin cesar, no lo puede contener, echan de menos a sus compañeros, primos, recuerdan con lágrimas en los ojos a su abuelita, la que se llevó el virus y no pudieron decirle adiós.


Wilmer Oconitrillo

Acerca del autor:

Wílmer Alonso Oconitrillo Espinoza.

Diseñador publicitario con estudios en Comunicación y Mercadeo.

Narrador oral escénico con amplia trayectoria y escritor por vocación.

Primer lugar en concurso de cuentacuentos “100 años de mi tía Panchita”. 2020

Mención de honor en la antología “30 relatos en tiempos de COVID en Costa Rica” del Centro Cultural de España. 2020

| FB@NarradorWilmerOconitrillo | IG@Cuentacuentos_Wilmer | Twitter@Wil_Oconitrillo


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