Cómo dejar de preocuparse…

CONSEJO PROFESIONAL | ¿Cuántas veces te has preocupado excesivamente por algo que al final no ocurre o sucedió totalmente diferente de como lo pensaste en principio? Dice un conocido refrán que preocuparse es sufrir dos veces, lo cual en muchas ocasiones se convierte en un círculo vicioso que nos atormenta todos los días y dejamos de lado lo importante de nuestras vidas, para darle espacio a pensamientos negativos y perjudiciales que afectan nuestra salud mental e inclusive física.

Las personas que se preocupan demasiado desperdician su talento y capacidad de análisis, dado que se enfocan en los problemas NO materializados y en darles vueltas en la cabeza. A medida que esta práctica se agudiza aparece la ansiedad y la intranquilidad, esto por el deseo perenne de tener todo bajo control lo cual nos roba la paz y pasamos los días prestando atención a cosas que al final de cuentas pueden resultar insignificantes.

Por ejemplo, cuando el jefe te llama sin especificar lo que necesita puede ser una de estas situaciones, que tal vez a menudo ocurre y en la cual no conoces en realidad para que te necesita y puedes interpretarlo de una manera positiva o negativa. Si eres una persona que se preocupa demasiado, tenderás a interpretar ese llamado como algo malo o catastrófico, anticipando que el jefe va a criticar un trabajo que has hecho o va a despedirte. En realidad, no sabes si él quiere hablar de tus próximas vacaciones o proponerte un ascenso, pero al ser una situación ambigua tu tendencia será a pensar de manera negativa.

Si te identificas con las características de las personas que se preocupan demasiado y la mayor parte del día pasas pendiente de noticias sensacionalistas, catástrofes, predisposiciones en tu salud y preocupándote por un sin fin de cosas, quizás es buen momento para comenzar a controlarlas.

En los momentos que te invadan esos pensamientos de preocupación, debes de ordenarle de forma contundente a tu mente y decirle “gracias por el aviso, pero en este momento NO necesito pensar en eso”. Pensar inmediatamente después de ese momento en algo positivo que haya ocurrido recientemente o concentrarme en lo que estoy haciendo es importante para terminar de desviar la atención del mensaje que nuestro cerebro envía, esto cada vez que entra la ansiedad de pensar en un evento o situación que magnificamos y le damos importancia sin necesidad alguna.

El darles una respuesta a preguntas tales como, ¿hay algo que pueda hacer ahora?, ¿está en mis manos resolver aquello por lo cual estoy preocupado? o, ¿en qué otras situaciones me he preocupado, pero al final las cosas salieron mejor de lo que esperaba, o pude afrontarlas y salir adelante? Estas preguntas te ayudarán a cambiar de paradigma de cómo siento la preocupación, precisamente para centrarse en las soluciones y no en los problemas, además de modificar esa creencia limitadora que todo lo que viene en el futuro trae consigo algo negativo, recordado siempre que la vida es hoy y mañana no sabemos por más que queramos lo que va a ocurrirme y esto relativizará tu preocupación.

Otro aspecto muy importante es dejar de forzar las cosas, donde muchos de los casos que nos generan preocupación son situaciones en las cuales no tenemos injerencia alguna y nos identificamos con ellas de forma obsesiva, pasando a creer que también me van a pasar en un futuro lo cual es sumamente dañino. Debes de recordar que, si confías en ti mismo, tendrás la fuerza necesaria para afrontar y solucionar cualquier situación que aparezca en tu vida, y la mayoría de tus preocupaciones saldrán volando de tu cabeza.

La confianza en uno mismo es lo que separa a los perdedores de los ganadores, a las personas normales de las extraordinarias, y a aquellos que se quedan a mitad del camino de los que llegan hasta su meta en la vida. Disfruta cada momento de la vida con plenitud y agradecimiento… ¡No te preocupes y ocúpate de lo verdaderamente importante!

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