
Anyelin Campos | acampos@elsoldeoccidente.com
Nacional. El ataque militar lanzado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán no solo reactivó la tensión geopolítica en Oriente Próximo, sino que también encendió alertas en los mercados energéticos y en las cadenas de suministro globales. Sus efectos podrían sentirse rápidamente en economías pequeñas y abiertas como la costarricense, altamente dependientes del comercio internacional.
Tras la ofensiva, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que la acción buscaba frenar la capacidad nuclear iraní. Sin embargo, el impacto inmediato se trasladó a los precios internacionales del petróleo y el gas. En las horas posteriores al bombardeo, el crudo Brent alcanzó picos cercanos a los 82 dólares por barril, con incrementos diarios superiores al 9%, mientras el gas natural en Europa también registró aumentos ante el temor de interrupciones en el suministro.
Uno de los puntos críticos es el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Irán insinuó la posibilidad de restringir el tránsito en esta zona estratégica, lo que generó volatilidad en los mercados, aun cuando analistas consideran improbable un cierre total. Varias navieras comenzaron a redirigir rutas y a reforzar protocolos de seguridad, elevando los costos logísticos.
Para Costa Rica, importadora neta de combustibles, el encarecimiento energético tiene un efecto dominó. El país depende de hidrocarburos para transporte, industria y parte de la generación eléctrica. Un aumento sostenido en los precios internacionales puede presionar las tarifas de combustibles, incrementar costos logísticos y trasladarse finalmente al precio de bienes y servicios, explicó el ingeniero Ricardo Ruiz, docente de Ingeniería en Cadena de Suministro y Logística de la Universidad Fidélitas.
En América Latina, donde sectores como alimentos procesados, dispositivos médicos y manufactura liviana dependen del transporte marítimo intercontinental, el impacto podría sentirse en el corto plazo. El aumento en las primas de seguros para buques que atraviesan zonas de riesgo y los desvíos de rutas elevan tiempos y costos de entrega. Para Costa Rica, cuya economía descansa en exportaciones de dispositivos médicos, productos agrícolas y servicios empresariales, un alza en el transporte marítimo o aéreo podría afectar la competitividad.
La crisis vuelve a evidenciar la fragilidad de las cadenas globales, eficientes pero vulnerables ante choques geopolíticos. Expertos recomiendan a las empresas diversificar proveedores, evaluar rutas alternativas, fortalecer inventarios estratégicos y apostar por mayor digitalización para anticipar disrupciones. Más que un episodio aislado, la escalada en Oriente Próximo confirma que la estabilidad económica global depende de rutas marítimas estratégicas y mercados altamente sensibles. Para países pequeños y abiertos, la resiliencia logística se convierte en una condición esencial de supervivencia económica.






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