Karen Rojas
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OCCIDENTE | La riqueza natural de la región de Occidente, caracterizada por su amplia biodiversidad, variedad de aves y microclimas que van desde el bosque nuboso hasta el bosque seco, la posiciona como un referente del turismo rural en Costa Rica. A esto se suman paisajes que ofrecen vistas que se extienden desde el Golfo de Nicoya hasta el Valle Central.

Esta diversidad natural se complementa con una sólida producción agrícola y agroganadera, lo que convierte a la zona en un nicho estratégico para el desarrollo turístico sostenible.
“Hace no menos de ocho años, antes de la pandemia, se identificó este nicho y, desde entonces, se han impulsado proyectos de turismo rural, agroturismo y turismo de bienestar, todos vinculados a la riqueza de la ruralidad en Occidente”, expresó María Auxiliadora Vázquez González, representante de la filial de la Cámara de Turismo Rural y Experiencias Rurales Comunitarias.

En este contexto, San Ramón lidera el desarrollo del turismo rural, especialmente en distritos como Piedades Sur, Piedades Norte y Peñas Blancas, con énfasis en comunidades como El Castillo. Asimismo, cantones como Atenas, Orotina, Poás y algunas comunidades de Palmares comienzan a fortalecer sus propuestas en este sector.
“Existe una gran diversidad de iniciativas: algunas han evolucionado hasta convertirse en proyectos consolidados, mientras que otras continúan en etapa de emprendimiento, aunque con un crecimiento constante y propuestas muy variadas”, añadió.
La oferta turística incluye actividades como senderismo, hospedaje rural, avistamiento de aves, mariposarios, cabalgatas, gastronomía tradicional, zonas de camping e incluso turismo astronómico. Además, se desarrollan paquetes empresariales con experiencias que rescatan las tradiciones y la vida rural.

Uno de los principales impactos positivos se refleja en la población joven, especialmente en San Ramón, donde se ha fortalecido el sentido de identidad y arraigo con sus comunidades.
“Primero, porque la calidad de vida es mejor. Además, están logrando generar ingresos a partir de estos nichos y, gracias a la buena conectividad, también pueden optar por el teletrabajo”, indicó.
Este enfoque no solo impulsa la economía de las comunidades, sino que también garantiza la conservación de su riqueza natural y cultural, consolidando a Occidente como un destino que apuesta por un crecimiento equilibrado y con identidad propia.






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