
Anyelin Campos | acampos@elsoldeoccidente.com
Nacional. Costa Rica inicia el periodo 2026–2028 en una posición poco frecuente en su historia económica reciente: con estabilidad macroeconómica. La inflación se mantiene contenida, el tipo de cambio ha mostrado firmeza, la disciplina fiscal volvió a ser reconocida por organismos internacionales y la deuda pública dejó de representar un riesgo sistémico. Sin embargo, el principal desafío ya no es evitar una crisis, sino transformar esa estabilidad en crecimiento sostenido, empleo de calidad y mayor productividad en el régimen definitivo.
De acuerdo con las proyecciones más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos(OCDE), Costa Rica se ubica entre las economías de mejor desempeño de América Latina. El organismo estima un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) cercano al 3,8 % para 2025 y 2026, impulsado por exportaciones de alto valor agregado, servicios empresariales, consumo privado e inversión extranjera directa (IED) resiliente.
“Este crecimiento no es casualidad. Es la consecuencia directa de un ajuste fiscal que, aunque políticamente incómodo, fue técnicamente correcto y permitió recuperar estabilidad en los balances macroeconómicos”, afirmó Malberth Cerdas Herrera, docente de Administración de Negocios y Economía de la Universidad Fidélitas.
La inflación cerró 2025 incluso en terreno negativo, con proyecciones de normalización hacia niveles cercanos a la meta del Banco Central, estimadas en 1,8 % para 2025 y 2,5 % en 2026. Este comportamiento contrasta con la volatilidad inflacionaria observada en otros países de la región y se traduce en mayor previsibilidad para hogares y empresas.
A su vez, la estabilidad del tipo de cambio se ha consolidado como un ancla macroeconómica de alto valor. La combinación de disciplina fiscal, precios estables y flujos constantes de inversión extranjera ha reducido el riesgo financiero, facilitado la planificación empresarial y protegido el poder adquisitivo interno. “No se trata de un regalo eterno. Si se pierde credibilidad fiscal o política, la estabilidad puede evaporarse con rapidez. Por ahora, Costa Rica goza de una posición envidiable”, advirtió Cerdas, quien además se desempeña como consultor en estrategia para fondos de pensiones en América Latina.
El ajuste fiscal modificó el perfil de riesgo país. La OCDE destaca que el país alcanzó superávit primario y que la deuda pública inició una trayectoria descendente como porcentaje del PIB. El déficit financiero se mantiene en niveles manejables, lo cual se refleja en menores costos de financiamiento y un entorno más favorable para la inversión privada.
Para el economista, el siguiente paso exige mayor ambición: “Costa Rica debe avanzar hacia un superávit fiscal estructural, no solo coyuntural. Cuando el Estado logra gastar menos de lo que recauda incluso considerando intereses, el crecimiento deja de depender del endeudamiento y la economía gana resiliencia de largo plazo”.
Pese al avance macroeconómico, persiste un desafío estructural: el crecimiento continúa siendo liderado por el régimen de zonas francas, mientras el régimen definitivo avanza con mayor lentitud. Datos de PROCOMER indican que en 2024 las zonas francas concentraron el 74 % de la inversión extranjera directa y exportaciones superiores a los 13.000 millones de dólares.
“El régimen definitivo —donde operan el comercio, la construcción, los servicios locales y se concentra la mayor parte del empleo— necesita más inversión, mayor productividad y reformas que reduzcan costos y fricciones. De lo contrario, la estabilidad macro se sentirá como un éxito técnico que no llega al bolsillo de la mayoría”, señaló Cerdas.
El desempleo se redujo a 6,6 %, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos. No obstante, el desafío no es únicamente cuantitativo, sino también cualitativo. La informalidad, la baja productividad y la concentración sectorial limitan el crecimiento salarial y la movilidad laboral, especialmente fuera de las actividades vinculadas a exportaciones.
El nuevo norte económico. Costa Rica ya superó la etapa más compleja: evitar una crisis fiscal y macroeconómica. Ahora, el reto es convertir esa estabilidad en desarrollo sostenible. Para el economista, el país debe plantearse dos metas estratégicas: alcanzar un superávit fiscal estructural y acelerar el crecimiento del régimen definitivo.
“Esa es la fórmula que transforma estabilidad en prosperidad. Es el punto donde la economía deja de sobrevivir y realmente despega”, concluyó.
Este escenario plantea interrogantes clave para el próximo gobierno: si tendrá la madurez política para no desmontar las políticas que recuperaron la credibilidad macroeconómica y si impulsará reformas que permitan un crecimiento más amplio y permanente. En tiempos electorales abundan las promesas fáciles; lo escaso es la continuidad técnica. Hoy, esa continuidad se ha convertido en uno de los activos económicos más valiosos del país.







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