
El TEC y la UNA desarrollaron innovador sistema híbrido de cosecha hídrica.
Andrés Castro | acastro@elsoldeoccidente.com
PUNTARENAS. En medio del golfo de Nicoya, la Isla Caballo se divisa cercana a Puntarenas, aunque su aislamiento histórico la ha mantenido al margen de servicios básicos como acueductos o red eléctrica. Durante años, sus habitantes dependieron del transporte de agua potable en barco o del acarreo manual desde pozos propensos a la salinización.
Sin embargo, una alianza entre la ciencia y la comunidad transformó la realidad educativa de la zona. Gracias a un esfuerzo conjunto entre el Tecnológico de Costa Rica (TEC) y la Universidad Nacional (UNA), la Escuela de Playa Torres y la Unidad Pedagógica Rural Isla Caballo cuentan hoy con agua potable continua mediante un innovador sistema híbrido de cosecha hídrica.
¿En qué consiste? La solución combina tres tecnologías complementarias: hidropaneles con estructuras metalorgánicas (MOF) que extraen humedad del aire mediante energía solar, condensadores eléctricos atmosféricos y un potente sistema de captación pluvial equipado con tanques interconectados para 20.000 litros.
Todo el circuito opera con energía fotovoltaica propia y etapas avanzadas de filtración y desinfección ultravioleta. Esta diversificación técnica asegura el abastecimiento a lo largo del año: en época seca, la producción atmosférica mantiene el flujo; en temporada lluviosa, la recolección en techos maximiza el almacenamiento.
Yenoris Obando Sequeira, directora de la Escuela de Playa Torres, destacó el impacto de brindar a los estudiantes un vaso de agua fría al iniciar la jornada. Por su parte, Isabel Lezcano Monge, directora de la Unidad Pedagógica Rural, señaló que resolver las necesidades primarias abre nuevas oportunidades académicas, como la reciente participación de sus alumnos en exámenes de admisión universitaria.
El proyecto contó con financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Telecomunicaciones (MICITT), la Promotora Costarricense de Innovación e Investigación, la Fundación CRUSA y una donación de la Embajada de Japón, sumado al acompañamiento social del programa IDESPO-UNA. Mientras las instituciones continúan gestionando un acueducto definitivo para toda la isla, la tecnología limpia garantiza hoy salud, dignidad y educación para la niñez de Isla Caballo.

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