Léase, en caso de desconocer el caso Epstein  

Andrés Castro | acastro@elsoldeoccidente.com

OPINIÓN. Hace apenas una semana me pidieron hablar de humanos que se creen animales, y propuse idílicamente a quienes pasaron por el artículo, ignorarlos, no mencionarlos. Sin embargo, aquel escrito desencadenó en la solicitud de un tema muchísimo más complejo, nada más y nada menos, que el caso Jeffry Epstein. 

Esta vez, me propongo tener la atención de quienes hasta la fecha no saben absolutamente nada de todo lo que ha pasado con los archivos del difunto norteamericano, en medio de una ola que no para de crecer. Y sí, estoy seguro que no son pocas las personas que simplemente tienen silenciado el tema, o no les interesa. 

Lo digo por experiencia propia, y más allá de este asunto en particular, hoy, a manera de berrinche, hago público que me molesta cuando alguien me dice “usted que es periodista, qué piensa, qué cree, qué opina”. Y no, querida amigo o amigo, no lo tome a mal, pero vieras que son más las veces en que estoy como el meme de Juan Gabriel en la playa, detrás del palo. 

En tiempos donde la información viaja a la velocidad de la luz, vale la pena ser selectivos con lo que consumimos. En mi caso, suelo restar importancia a todo aquello que considero poco relevante, esa es mi carta de presentación, cada vez que me agarran fuera de base con algo que “debería saber”, pero que desconozco. 

Pero bueno, dejemos hasta ahí el berrinche público, y permítame retomar la cuestión propuesta en el titular de esta publicación. Para que se cumplan los objetivos de su posible expectativa, y que usted pueda hablar con algo de autoridad sobre Epstein, me apegaré al principio periodístico de las “6W”: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. 

QUÉ: Estamos ante la visualización de una red de tráfico sexual y abuso de menores. No se trató de incidentes aislados, sino de una estructura organizada de reclutamiento que operó bajo la fachada de la filantropía y las altas finanzas. Más allá del crimen sexual es un escándalo de corrupción política y judicial, donde el silencio se compraba con influencias y la justicia parecía tener un precio de mercado.

QUIÉN: El epicentro fue Jeffrey Epstein, un financista, que más allá del dinero,  tenía información y acceso a gente de poder. A su lado, Ghislaine Maxwell, figura de la alta sociedad británica, actuó como la pieza operativa clave, encargada de captar a las víctimas. Sin embargo, el «quién» se extiende a la realeza británica con el Príncipe Andrés, figuras de la política gringa y magnates de la tecnología que orbitaron su círculo íntimo, dejando en el aire la duda sobre quiénes fueron cómplices y quiénes observadores silenciosos.

CÓMO: La red utilizaba el engaño y la vulnerabilidad económica de adolescentes, prometiéndoles becas o carreras de modelaje a cambio de «masajes» que derivaban en abusos. Una vez dentro, se utilizaba un sistema de esquemas piramidales donde las víctimas eran presionadas para reclutar a otras jóvenes. Todo esto se blindaba con acuerdos de confidencialidad y la presunta recopilación de material comprometedor para chantajear a los poderosos, garantizando así impunidad. 

CUÁNDO: Aunque los abusos comenzaron en los años 90, el primer hecho relevante ocurrió en 2008, cuando Epstein obtuvo un acuerdo de no procesamiento en Florida, que le permitió una condena mínima. La verdadera rendición de cuentas no llegaría hasta julio de 2019, con su arresto en Nueva York. El ciclo cerró de forma abrupta y sospechosa el 10 de agosto de 2019, con su muerte en prisión, y se reactivó en 2022 con la condena de 20 años de cárcel para Maxwell.

DÓNDE: Los escenarios principales fueron su lujosa mansión en el Upper East Side de Nueva York, su rancho en Nuevo México, y su isla privada en las Islas Vírgenes, Little St. James. Mismo que fue apodado por la prensa como «La Isla del Pecado», funcionaba como un estado soberano fuera del alcance de la ley ordinaria, facilitando el transporte de menores en su avión privado, el «Lolita Express».

POR QUÉ: Epstein cultivó relaciones con las personas más poderosas del mundo para hacerse «intocable». Su riqueza le permitió contratar a los mejores abogados para intimidar a víctimas y fiscales, mientras que sus conexiones políticas generaron un velo de protección donde nadie quería señalar por miedo a lo que pudiera pasar. El caso Epstein solo es la historia de un depredador, sino el recordatorio de cómo el poder puede corromper los mecanismos de justicia.

Sobre Andrés Castro 1298 artículos
Periodista en ejercicio desde el año 2010. Experiencia en radio, prensa escrita y generación de contenido para redes sociales. Cel. (506) 8950 7516. E-mail: acastro@elsoldeoccidente.com. X (Twitter): @castroandres24

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