
- La vitamina D, la B12, el magnesio y los multivitamínicos son productos de consumo frecuente, pero su necesidad y dosis dependen de las condiciones de cada persona.
- El Colegio de Profesionales en Nutrición recomienda valorar los requerimientos individuales antes de incorporarlos a la rutina diaria.
Anyelin Campos | acampos@elsoldeoccidente.com
Salud. Tomar vitamina D al levantarse, magnesio antes de dormir o un multivitamínico todos los días se ha convertido en una práctica habitual para algunas personas, bajo la idea de que estos productos ayudan a mantener una buena salud y que, si el organismo no los necesita, tampoco le harán daño.
Sin embargo, consumir vitaminas y minerales sin conocer los requerimientos individuales no necesariamente aporta beneficios y, dependiendo del nutriente y la dosis, puede provocar efectos adversos.
Ante esta práctica, el Colegio de Profesionales en Nutrición (CPN) recomienda que las personas se pregunten si realmente necesitan suplementación antes de incorporar estos productos de manera regular.
Una alimentación variada y suficiente constituye la principal fuente de vitaminas y minerales. No obstante, las necesidades nutricionales pueden cambiar según la etapa de la vida, las condiciones de salud, los hábitos alimentarios y otros factores individuales.
Por esta razón, la recomendación no es evitar todos los suplementos, sino utilizarlos cuando sean necesarios y en las cantidades adecuadas para cada persona.
“Los suplementos no deberían convertirse automáticamente en una póliza de seguro nutricional. La necesidad de suplementar y la dosis deben valorarse de manera individual, porque los requerimientos cambian de una persona a otra y más no necesariamente significa mejor”, explicó Elizabeth Delgado, nutricionista y vocera del CPN.
¿Quiénes pueden necesitar suplementos? Existen diferentes situaciones en las que la suplementación puede ser necesaria. Entre ellas se encuentran las deficiencias nutricionales diagnosticadas, el embarazo, determinadas etapas de la vida, las dietas muy restrictivas, los problemas de absorción intestinal, las cirugías gastrointestinales y algunas condiciones médicas.
El uso de ciertos medicamentos también puede modificar los requerimientos nutricionales o influir en la manera en que el organismo absorbe determinados nutrientes. Por ello, la decisión de consumir un suplemento no debería basarse únicamente en recomendaciones encontradas en redes sociales, experiencias de otras personas o la popularidad de un producto.
Antes de comenzar a tomar vitaminas o minerales de manera habitual, conviene valorar la alimentación, los antecedentes personales, los medicamentos que se utilizan y los posibles síntomas. Según cada caso, la evaluación profesional podría requerir pruebas de laboratorio.
“El principal problema es asumir que lo que funcionó para una persona necesariamente funciona para otra. Dos personas pueden presentar el mismo síntoma por causas completamente diferentes, tener diferentes niveles de un nutriente, utilizar medicamentos distintos o tener necesidades diferentes”, señaló Delgado.
El exceso de vitaminas y minerales también puede ser perjudicial. Aunque los suplementos contienen nutrientes que el organismo necesita para funcionar adecuadamente, esto no significa que puedan consumirse en cualquier cantidad.
El riesgo requiere especial atención con las vitaminas A, D, E y K, que son liposolubles y pueden acumularse en el organismo. Asimismo, las dosis elevadas de determinados minerales pueden provocar efectos adversos.
“Un suplemento también es una sustancia activa y la dosis importa. Debemos abandonar la idea de que ‘natural’ o ‘vitamínico’ significa automáticamente seguro”, advirtió la nutricionista.
Además, algunos suplementos pueden interactuar con medicamentos o no ser adecuados para determinadas condiciones de salud, por lo que es importante revisar su composición y recibir orientación antes de combinarlos.
Vitamina D, B12, magnesio y multivitamínicos: ¿cuándo se necesitan? La necesidad de suplementación varía según el nutriente y las características de cada persona. El CPN destaca algunos de los productos más utilizados y los aspectos que conviene considerar antes de consumirlos.
Vitamina D: puede ser necesaria para personas con niveles bajos o determinadas condiciones de salud. Sin embargo, la dosis debe ajustarse a las necesidades individuales, ya que consumir cantidades excesivas también puede resultar perjudicial.
Vitamina B12: merece especial atención en personas que siguen dietas veganas, presentan problemas de absorción o tienen condiciones clínicas que aumentan sus requerimientos.
Magnesio: algunas personas pueden necesitar suplementación para cubrir sus requerimientos. La cantidad y el tipo de producto deben seleccionarse de acuerdo con cada caso, debido a que las diferentes presentaciones pueden tener distinta tolerancia gastrointestinal.
Multivitamínicos: reúnen varios nutrientes en un solo producto, pero su consumo debe responder a necesidades concretas. No sustituyen una alimentación variada ni garantizan beneficios adicionales cuando no existe una necesidad de suplementación.
Los alimentos, además de aportar vitaminas y minerales, proporcionan proteínas, fibra, grasas, agua y otros componentes importantes para una nutrición adecuada. Por ello, los suplementos no deben considerarse un reemplazo de una dieta equilibrada.
¿Qué revisar antes de comprar un suplemento?. Antes de adquirir un producto, el Colegio de Profesionales en Nutrición recomienda revisar sus ingredientes, la cantidad de nutrientes por dosis, las indicaciones de consumo, las advertencias, las posibles interacciones con medicamentos, así como su registro y procedencia.
También es importante evitar la combinación de varios suplementos sin conocer sus componentes, pues algunos pueden contener los mismos nutrientes y provocar una ingesta superior a la necesaria.
“Antes de empezar a tomar varios suplementos simultáneamente sin saber qué estamos tratando de corregir, debemos preguntarnos primero si realmente los necesitamos”, concluyó Delgado.
La recomendación es consultar con un profesional en nutrición para valorar los hábitos alimentarios y determinar si existe una necesidad de suplementación, así como la cantidad apropiada.
Cuando hay síntomas, condiciones clínicas o se requiere un diagnóstico mediante pruebas de laboratorio, también corresponde buscar valoración médica. Por su parte, un profesional en farmacia puede orientar sobre las posibles interacciones entre suplementos y medicamentos.
La clave es utilizar los suplementos de manera informada e individualizada: consumir más vitaminas y minerales no significa necesariamente obtener mayores beneficios para la salud.










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