
Andrés Castro | acastro@elsodeoccidente.com
OPINIÓN. Por estos días, millones de personas en el mundo vivimos con enorme emoción la disputa del Mundial de Fútbol 2026. Con el pitazo inicial en Ciudad de México, se activó una temporada primaveral que nos tendrá atentos a 104 partidos. Sin embargo, también están aquellos seres humanos a los que todo esto les resulta una tortura, un calvario, un suplicio.
Y ojo, no estoy diciendo que esté mal, simplemente hoy, en representación de los “fifas”, como nos llaman a los fiebres del fútbol, aprovecharé este espacio periodístico para visibilizar a aquellas inconsolables víctimas que deberán aguantar oleadas mediáticas, comentarios que no entienden y conversaciones que simplemente no son de su interés.
Este ejercicio surge a partir de imaginarme en el otro bando, deseando que todo vuelva a la normalidad, como seguramente le está pasando a los estadounidenses que poco o nada saben del deporte, pero que verán cómo los estadios en los que usualmente se juega fútbol americano, son tomados por la fiesta de la FIFA. Se suma a ello, el alto tráfico vehicular que se generará los días de partido en las ciudades sede, visitantes eufóricos, y una que otra celebración inesperada.
Escuché recientemente que durante el primer día del torneo, medios de comunicación canadienses de primer nivel, no dieron mayor relevancia a la noticia. Por Dios santo, si eso es cierto, lo entiendo. A los amigos de la hoja de maple lo que les gusta es el hockey y la Fórmula Uno, aunque Lance Stroll los represente mal, muy mal; ya no sigas Stroll, dale tu asiento a Sebastián Montoya.
Dentro de ese grupo de personas a las que no les gusta el Mundial, sin que en todos los casos sea así, voy a incluir a los maestros que en los últimos días han bloqueado calles enteras para exigir mejoras salariales y pensiones. La lucha es totalmente válida, y ojalá el gobierno mexicano atienda a sus necesidades, pero guey, carnal, no me retrases el inicio del partido, ve y habla con Claudia.
Mientras unos gozamos al encender el televisor, otros se enojan o prefieren tomar el celular. Y si no que lo diga mi novia, quien sabe muy bien que la pantalla más grande de la casa está reservada en el transcurso de la competencia, a la voluntad de 22 hombres corriendo para anotar un gol. No me tomen por autoritario, no me señale usted señora linda que está allá en casita, pero si ella quiere ver La ley y el orden por decimoquinta vez, ahí tiene a su disposición un televisor más pequeño.
Miles de futboleros costarricenses ven con amargura que países como Haití, Curazao y Panamá, tienen representación en la cita orbital. Y en este caso, hablo de ellos, pues “yayoya”; ya yo dejé ir ese tema, pero me encantaría viajar en el tiempo y encontrarme nuevamente con Bran-Bran-Braaaaaan, “Huevito” y Warren, en la Soda Tapia de Sabana, y advertirles de la desgracia que vendría con el tiempo. Guardaré en ese lugar donde uno resguarda los buenos recuerdos, el 4 – 1 frente a Nicaragua en el Estadio Nacional, aunque hubiese sido auspiciado por la torpe actuación del portero nicaragüense.
Creería que Osael Maroto, presidente de la Federación Costarricense de Fútbol, y Miguel “El Piojo” Herrera, extécnico de “La Sele”, también están odiando un poquito el Mundial y deseando que todo vuelva a la normalidad. Uno por plata y el otro también. Uno de ellos debe estar odiando a los chatas, y el otro también. Uno sigue, y el otro se fue.
Si usted es de las personas a las que no les gusta el Mundial y por algún motivo leyó esta nota, seguramente en este punto, también está deseando el fin de esta publicación. En representación de los “fifas”, permítame manifestarle mi más sentido pésame, aguante, siéntese, cuente hasta 10; ya solo faltan 100 partidos.
*Imagen principal: Generada con IA.





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