¿Es el ego tu enemigo silencioso?

Las relaciones interpersonales por siempre han sido estudiadas y analizadas a partir de nuestras acciones, comportamientos, conductas y creencias, consideradas como un universo infinito en sus interpretaciones y formas para determinar patrones que tenemos los seres humanos.

La explosión de información y visibilización que se tiene hoy en día a nivel personal, familiar y laboral nos hace cada día más vulnerables y sensibles a reaccionar a circunstancias que, en muchos casos, nos las apropiamos y las hacemos parte de nuestro diario vivir.

Es a partir de esas experiencias que debemos tener mucho cuidado en evitar adueñarnos de ciertas conductas que nos hacen caer en acciones que nos muestran egoístas y dueños de la verdad que, finalmente, nos van etiquetando como personas arrogantes, ambiciosas y exhibicionistas, dejando una pésima imagen ante los que comparten con nosotros y nos rodean en nuestro diario vivir.

El ego es un enemigo silencioso que va adueñándose de nuestros pensamientos y forma de ser ante las personas, principalmente por la creencia de que somos superiores y tenemos capacidades extraordinarias por encima de los demás, lo cual representa un eminente peligro en el desarrollo personal y en la posibilidad de entablar relaciones sanas que nos permitan interactuar adecuadamente con nuestros semejantes.

El alimentar esos sentimientos de grandeza que generan una ambición y expectativas desmedidas es lo que, poco a poco, nos va convirtiendo en personas que van perdiendo el sentido de la realidad que vivimos, lo cual inminentemente va a crear a nuestro alrededor etiquetas que van a dañar nuestra imagen y, lo más preocupante, que mientras menos lo esperas, estarás solo en cualquier círculo familiar, social o laboral.

Si haces un ejercicio de conciencia y reflexión y determinas que tienes estos patrones de comportamiento, no te preocupes ¡ocúpate!

Es importante empezar por liberarse de presiones que no tienen sentido y que tú mismo las has creado, lo cual te hace sentir bien por un momento, sin embargo, al pasar el tiempo, sabes que luchaste por una causa sin sentido y, además, perdiste tu tiempo, por ejemplo, al querer siempre tener la razón, resaltar una y otra vez tus logros o mostrarte por encima de otras personas, todo esto a sabiendas de que por dentro eres consciente de que siempre existirán  personas con talentos y habilidades diferentes de las tuyas.

Por otra parte, en la medida en que dejes de ver toda conversación formal o informal como un partido de fútbol donde siempre hay que pensar en ganar, entenderás que hay momentos y situaciones donde hay que ceder y dar la razón a quienes con argumentos y conocimiento más bien nos pueden dar muchas lecciones de vida que debemos aprovechar, donde esas relaciones servirán a nuestro propio crecimiento y sostenibilidad en los ambientes interpersonales en los que nos desenvolvemos.

Recuerda, el ego puede ser tu enemigo silencioso, ¡déjalo ir, es hoy y ahora, un buen camino te está esperando!

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