Navidad en perspectiva

Por: Teresita Carranza Céspedes

Navidad, palabra proveniente del latín Nativitas, esto es nacimiento, cuyos inicios provienen de la festividad del Sol Naciente Invencible. Ésta como otras tantas celebraciones paganas, fue parodiada con acontecimientos cristianos con el fin de atraer adeptos a la religión universal.

Sucedió como con la mayoría de fiestas que fueron cambiando de nombre y de perspectiva, en las que cada pueblo añadió a partir de su propio contexto, aquello que le parecía conveniente a sus intereses y servía como un sello particular y una forma de apropiación del legado ancestral.

La navidad mantuvo los principios que regían a la festividad primigenia, esto es, el compartir alimentos y regalos con los vecinos, familiares y amigos. Era una fecha en la que se celebraba la vida por medio de figuras, colores, aromas, risas, amor, confraternidad, deseos de bien y esperanza. Todo ello como símbolo del nacimiento del dios Sol, que con sus rayos sembraba calor, vida, esperanza de cosechas abundantes, de salud y esperanza.

Luis Aguilé, cantante argentino, con su canción, “Ven a mi casa esta navidad” hace eco del espíritu de la navidad en la perspectiva cristiana de amor, perdón, compañía, olvido de las ofensas y reencuentro. Esta canción lleva implícita la pregunta:

¿Qué significa la navidad desde el punto de vista de cada individuo sobre la tierra? Para los comerciantes acaparar los aguinaldos y ahorros de los clientes. Para los ricos pérdida de un porcentaje de su capital en el pago de aguinaldos. Para los pobres un mejor menú sobre su mesa. Para las personas que perdieron a sus seres queridos, asientos vacíos y un motivo de añoranza y tristeza. Y para aquellos que perdieron a sus parejas por divorcio, muerte o algún otro motivo, melancolía, sentimiento de desolación y soledad.

Lo que nos corresponde en este lapso es mirar a esta fecha y celebración desde un punto de vista equilibrado y sano. Como un momento, que si bien no emergió precisamente con el nacimiento de Jesucristo el hijo de Dios, sí, como un motivo para invitarnos al amor, a la confraternidad, a la esperanza y a un reencuentro con nuestros seres amados en el que nuestro único propósito ha de ser el de amar y ser amados.

 

 

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