El sorteo

Colorín colorado | Raúl Méndez Rodríguez | www.rgmendezr.com


Víctor Vega había soñado con el número setenta y siete tres días seguidos y por ello estaba seguro de que este iba a salir el domingo en la lotería nacional. La cosa era que no tenía ni un cinco para comprar lotería y no tuvo suerte cuando salió a ver quién le prestaba diez mil colones, porque nadie le creyó el cuento de que los pagaría apenas le devolvieran una plata.
Llegó a su casa exhausto, pues en su búsqueda había ido caminando hasta donde doña Elvira, con la mala fortuna de no hallar a alguien en la vivienda. Al entrar vio que Ana, su esposa, estaba cosiendo en la sala y a esta le bastó con levantar las cejas para preguntarle el resultado de la aventura. Víctor dio las malas noticias bajando la mirada y luego comenzó a desabotonarse la camisa. Entonces su mujer comentó:
— En la tarde vino Manuel a traerme más ropa.
— Ajá — gruñó Víctor, quien terminó de desabotonarse la camisa y se agachó para deshacer las ataduras de sus zapatos.
— Y me pagó la planchada por adelantado. Ahí en la mesa está la plata, alcanza para un kilo de huevos y algunas verduras.
Aquello tomó por sorpresa al hombre, quien se acercó a la mesa y miró un billete de diez mil colones colocado bajo el florero. Se frotó las manos, tomó el dinero, lanzó un beso a su mujer y salió de la casa sin haberse abotonado la camisa. Ana sabía que no iba a traer ni los huevos ni las verduras con la seguridad que dan veintitrés años de vida matrimonial, y aun así siguió tejiendo un sombrerito sin perturbarse.


Una hora más tarde apareció Víctor, emocionado por haber comprado una plana de lotería del número deseado. Su esposa ya había ido a acostarse y por ello él se sentó en la parte más cómoda del sillón de la sala. Después tomó el periódico que había leído por la mañana y comenzó a releerlo para matar el tiempo y disimular sus ansias. Cinco minutos antes de iniciar el sorteo encendió la radio, sacó los billetes de lotería que había doblado y guardado en su billetera, y los colocó en la mesita para no perderlos de vista.
Esperó a que anunciaran el número ganador del premio mayor con una paciencia de santo. La bolita vencedora salió casi al final de la transmisión y entonces Víctor lanzó una maldición, apagó la radio y se dirigió al cuarto.
Su mujer estaba despierta.
— ¿Ganamos? — preguntó sin moverse.
Él se quitó los zapatos y se metió a la cama sin responder. Apagó la luz de la lámpara y se quedó mirando el techo. Pasaron algunos minutos de silencio y luego Ana escuchó en la penumbra a su marido decir:
— Nos llevó el carajo — y era lo que de verdad él pensaba —. Pegamos el premio mayor.

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SOBRE EL ESCRITOR: Raúl Méndez es un escritor y poeta con raíces campesinas y formación autodidacta nacido en 1995 en San Ramón, Alajuela,Costa Rica. Es miembro activo del Conversatorio Poético Ceniza Huetar y fundador del Sello Editorial Dimensión Inédita, desde donde impulsa la creación de nuevas obras literarias. Ha publicado dos libros de cuentos y poemas: Textos imprescindibles (2022) y Anexos (2024). Su dedicación a la literatura y su labor en la promoción cultural lo han consolidado como un referente en el ámbito literario nacional.

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