
Desde hace varios meses, los costarricenses se han asombrado de todo lo que gira alrededor del conocido tema del Cementazo y sus principales actores. Dicho caso consiste en préstamos otorgados al Grupo JCB que dejaron una deuda pendiente de aproximadamente $39.5 millones de dólares (ver gráfico adjunto).
Este escándalo además de involucrar prácticamente a los 3 poderes del Estado se ha convertido en una increíble historia que implica a un sinfín de funcionarios e instituciones.
El presente articulo se enfocará en el Banco de Costa Rica (BCR), institución bancaria que reunió el mayor porcentaje de préstamos al empresario Bolaños e inclusive su ahora exgerente general, junto a otros 5 directivos bancarios, quienes a la fecha cumplen prisión preventiva (siendo detenidos el 3 de noviembre).
Además de las condescendencias concedidas, se encontraron problemas en el otorgamiento de los créditos; como el estudio de capacidad de pago de las empresas del señor Bolaños y si éstas podrían responder por las deudas millonarias. De igual forma, el crédito se giró en dólares a pesar de que la venta de cemento se realizaría en colones, lo anterior generó un riesgo cambiario.
En lo que respecta a la tasa de interés, se le ofrecieron condiciones de cliente “AAA”, cuando el banco debió velar por una mayor rentabilidad debido al riesgo que el negocio representaba.
En la ejecución de desembolsos, éstos se concedieron directamente al cliente, lo cual disminuyó considerablemente la fiscalización para cerciorarse de que los recursos se utilizaran para lo que se otorgaron.
Por último, el cemento fue dado en garantía (a pesar de ser un bien perecedero) y el apalancamiento fue muy alto (para tal transacción se recomienda una relación de 6 a 1, por ejemplo, para un préstamo de $12 millones el cliente debería aportar $2 millones).
Los efectos no se hicieron esperar, la utilidad neta mensual del BCR se desplomó en setiembre a tan sólo ¢52 millones y el monto de reserva por préstamos con problemas subió en un 322%, pasando de ¢1.410 millones en agosto a ¢6.000 millones en setiembre de acuerdo con la SUGEF.
El 2 de octubre la agencia Moody’s redujo las calificaciones del BCR, en donde el mayor deterioro se dio en el indicador de solidez financiera (BCA) de Ba2 a Ba3, con esta calificación los emisores tienen fortaleza financiera intrínseca especulativa.
El mayor argumento fueron los conflictos en la junta directiva. Igualmente, Moody’s teme que haya efectos negativos en la rentabilidad, un aumento en el costo de fondeo y un aumento de morosidad.
Asimismo, Fitch Ratings el 19 de octubre rebajo al BCR la calificación relacionada a la administración y estrategia de la entidad, de BB a BB- (perspectiva negativa). La agencia dejó en claro, que podría reducirla nuevamente de ser necesario y que el banco podría estar bajo una significativa presión a la baja si debilidades o fallas del gobierno corporativo no se mitigan adecuadamente.
El escándalo salpicó al BCR en uno de sus mejores momentos, en donde registraba ganancias récord y ser el Top of Mind en bancos para los costarricenses. Prácticamente nadie se ha referido a como dicho caso ha afectado sus activos más preciados: su marca, imagen y prestigio. Algo cuyo valor es incalculable y probablemente tome mucho tiempo en recuperarse, o bien, lo persiga por siempre.
Fuentes: SUGEF, BCR, BC, NP, BC, GN, EF, Moodys, Fitch.
Lic. Sebastián Jiménez Barboza. Analista Financiero.
Código Profesional No: 035253
Licenciado en Administración de Empresas con énfasis en Banca y Finanzas.
7017-9084




