
- Especialista advierte que el principal riesgo no está en el movimiento del suelo, sino en las construcciones que no cumplen con la normativa sísmica nacional.
Anyelin Campos | acampos@elsoldeoccidente.com
Nacional. Los recientes movimientos sísmicos registrados en diferentes partes del mundo y los dos sismos superiores a magnitud 5 que generaron alarma entre la población costarricense durante la madrugada de este lunes volvieron a poner sobre la mesa una pregunta de especial importancia: ¿qué tan preparadas están las edificaciones de Costa Rica para enfrentar un terremoto de gran magnitud?
Costa Rica cuenta con una amplia trayectoria en ingeniería estructural y con una de las normativas sísmicas más desarrolladas de América Latina. Sin embargo, la seguridad de una edificación depende no solamente de la existencia de un Código Sísmico, sino también de que este sea aplicado correctamente durante las etapas de diseño, construcción y supervisión de las obras. Para el ingeniero estructural Francisco Villalobos Ramírez, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad Fidélitas y jefe del Laboratorio de Estructuras del LanammeUCR, el cumplimiento de estas disposiciones es fundamental para reducir el riesgo de pérdidas humanas.
De acuerdo con el especialista, las consecuencias más graves de un terremoto suelen estar relacionadas con el colapso de las edificaciones, más que con el movimiento del terreno por sí mismo. Factores como diseños deficientes, subestimación de las fuerzas sísmicas, materiales de baja calidad y sistemas constructivos sin suficiente respaldo técnico pueden incrementar considerablemente la vulnerabilidad de una estructura. Por esta razón, una construcción sismorresistente no busca garantizar que el inmueble quede sin daños, sino que tenga la capacidad de resistir las fuerzas generadas por un terremoto y evitar un colapso que ponga en peligro la vida de sus ocupantes.
Un siglo de aprendizaje frente a los terremotos. La normativa y las prácticas de construcción de Costa Rica son resultado de décadas de aprendizaje frente a eventos sísmicos. Uno de los antecedentes más importantes se remonta al terremoto de Cartago de 1910, después del cual se prohibió el uso del adobe en nuevas construcciones. Posteriormente, en 1974, el país publicó su primer Código Sísmico, considerado en aquel momento uno de los más avanzados, y desde entonces la normativa ha evolucionado con base en investigaciones científicas y en la experiencia acumulada por profesionales e instituciones académicas.
Villalobos señala que las edificaciones diseñadas de acuerdo con el Código Sísmico vigente tienen una alta capacidad para evitar el colapso incluso ante eventos de gran intensidad. No obstante, aclara que el término “edificio antisísmico” puede generar una percepción equivocada, ya que ninguna estructura puede garantizar que permanecerá completamente intacta después de un terremoto. El objetivo de la ingeniería sismorresistente es permitir que la estructura disipe la energía generada por el movimiento y mantenga condiciones que protejan la vida humana.
El riesgo de construir fuera de la normativa. Uno de los principales desafíos para Costa Rica se encuentra en las construcciones que se realizan sin cumplir con el Código Sísmico, sin planos debidamente aprobados o sin la supervisión de profesionales responsables. Según el especialista, estas edificaciones pueden presentar una mayor vulnerabilidad ante un terremoto, especialmente cuando se utilizan materiales de baja calidad o sistemas constructivos que no cuentan con suficiente respaldo técnico.
El terremoto de Nicoya de 2012 es señalado como un ejemplo de la importancia de la inversión sostenida en investigación, regulación y formación profesional. Sin embargo, el experto considera que el país no debe bajar la guardia y debe mantener los controles sobre las nuevas construcciones, así como fortalecer la fiscalización y el control de calidad de los materiales utilizados.
Finalmente, el especialista destaca que la incorporación de nuevos materiales y tecnologías constructivas también debe realizarse con criterios técnicos. Antes de utilizarse de manera generalizada, estas soluciones deben contar con la correspondiente validación científica y regulación. De esta forma, Costa Rica puede continuar fortaleciendo su capacidad para enfrentar terremotos y reducir los riesgos asociados a las edificaciones, teniendo claro que la prevención, el diseño profesional y el cumplimiento de la normativa son elementos esenciales para proteger vidas ante un eventual terremoto de gran magnitud.






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