Te regalo un recuerdo
Cuando llegó a la cafetería, aún no estaba lloviendo, pero encontró su mesa habitual ocupada y se sentó en otro sitio, un poco más incómodo.
El sonido de la lluvia sobre los techos lejanos fue acercándose y de pronto, la ráfaga de agua alcanzó la cafetería. M. deslizaba el dedo por la pantalla de su teléfono en un gesto mecánico y aparentemente infinito.