
Adolfo Chaves, científico Ramonense
Harold Brenes | haroldbrenes@gmail.com

Adolfo Chaves Jiménez es docente en el Tecnológico de Costa Rica (TEC). Formará parte del viaje suborbital en la misión denominada ESAA-01 EX SOMINUS AD ASTRA
De pequeño, solía esperar cada 15 días con emoción la llegada de la Revista Tambor al único establecimiento donde la vendían en San Ramón. Adolfo Chaves Jiménez, caminaba desde Barrio San José (por donde está el Colegio Patriarca) hasta las cercanías de donde se ubicó la plaza Rafael Rodríguez.
Su razón: poder disfrutar el contenido de esta revista porque estaba “bien hecha y entretenida”. Tambor era una publicación con un formato que combinó secciones educativas, científicas y culturales, con otras de diversión, pasatiempos, lectura y caricaturas.
Más de 30 años después de ser parte de una generación que creció leyendo esta revista infantil, el científico ramonense Adolfo Chaves Jiménez es coordinador del Laboratorio de Sistemas Espaciales (SETEC-Lab) del Tecnológico de Costa Rica (TEC).
Este amante del gallo pinto, platillo que debió aprender a preparar cuando estuvo en los Países Bajos obteniendo su doctorado, se integra en el viaje suborbital en la misión denominada ESAA-01 EX SOMINUS AD ASTRA, que forma parte del programa Latcosmos-C.
“Oficialmente, los integrantes de la tripulación fueron comunicados en este 2020. Pero mi unión al proyecto comenzó hace 3 años, cuando fui contactado por Ronnie Nader Bello, de la Agencia Espacial Civil Ecuatoriana (EXA). Desde ese momento siempre lo manejé como una posibilidad, porque son muchas etapas para que este sueño se haga realidad”, comentó Chaves en entrevista exclusiva para El Sol de Occidente.
Se trata de un vuelo de aproximadamente 15 minutos, donde cruzará la Línea de Kalman, a una altitud de 100 km sobre la superficie terrestre, que es considerada la línea donde inicia el espacio, detalló Chaves.
“Es una responsabilidad enorme. La diferencia entre hace un mes y hoy es que la gente lo sabe. Hay una responsabilidad social y con mi país. Fuimos escogidos profesores de cada país para que transmitamos el amor a la Ciencia y la Tecnología a nuestros coterráneos”, destacó.
Según dijo en su viaje desarrollará un experimento científico, el cual aún debe definir. La fecha del despegue aún no está definida en parte por la situación de la pandemia por el Covid-19 y porque la empresa encargada trabaja en acondicionar el cohete, mediante el cual serán lanzados al espacio.
Coger café dio forma a primeros sueños
Adolfo Chaves Jiménez nació en San Ramón, el 11 de setiembre de 1980. De su pueblo natal destaca que está lleno de gente con metas y sueños, donde el conocimiento y la cultura son muy apreciados.
“Tuve la oportunidad de conocer a gente muy capaz, que han hecho cosas buenas. Esta fue la gente que me rodeó mucho tiempo. Con mis amigos de juventud nos preguntábamos de todo. La inteligencia viene de tener curiosidad, de preguntar”, afirma.
De su niñez recuerda las tardes en la biblioteca del Museo Regional de San Ramón. Luego vinieron días llenos de emoción repasando en la Biblioteca Pública las colecciones de mecánica popular.
“No recuerdo bien cuando decidí ser científico. Siempre me gustó la ciencia y tecnología espacial. Alguna vez de niño, cogiendo café, con las primeras platas las usé para comprar libros de aviones que todavía tengo guardados”, recordó.
En su lista de vivencias figuran muchas horas, al lado de sus hermanas, en un laboratorio químico que su padre les acondicionó. En este tuvo oportunidad de hacer realidad muchas inquietudes, siempre apoyado y supervisado por sus padres.
“Tuve la fortuna de que mi familia nunca me limitó hacer lo que yo quisiera. La acción del fuego siempre me llamó la atención. Hacía libros donde diseñaba naves espaciales. En el diseño ponía fuego”, comentó Chaves, quien recuerda de niño brincaba mucho y varias ocasiones pegó contra la pared y cayó de bruces. “Todavía tengo rastros de golpes en la cabeza”, comentó entre risas.
La vida del científico fuera de su profesión
“Si uno no tuviera tiempo para el descanso no habría equilibrio”. Así resume Adolfo Chaves Jiménez, la necesidad de dar a su vida un espacio para cada momento.
«Practico el atletismo como aficionado. He corrido algunas medias maratones. No soy el mejor ni el peor atleta. Me gusta competir en un modo recreativo”, explicó.
Por su formación profesional debió salir del país y vivir en el extranjero. De ahí que ahora, aprovecha los fines de semana para pasear, conocer lugares nuevos, caminar, leer bastante y aprender del área espacial.
De su estancia en los Países Bajos, cuando permaneció realizando sus estudios de doctorado, tiene muchos recuerdos fuera de las horas de estudio.
Por ejemplo, aprendió a hacer gallo pinto, uno de sus platos favoritos. “También logré conseguir los ingredientes necesarios para hacer empanadas con queso, de esas fritas. Me encanta el café de San Ramón y por dicha lo conseguía”,
El científico vive hoy en Curridabat, lugar del Gran Área Metropolitana que más se le parece a su querido y natal San Ramón.
Adolfo Chaves Jiménez tiene dos hermanas. Una de ella estudió Medicina y la otra Arquitectura. Compartió con su familia la noticia de que irá al espacio y en una conversación les explicó todos los detalles de lo que esto significa. Esa conversación le dio cierta tranquilidad.

Actualmente, el científico ramonense es el coordinador del Laboratorio de Sistemas Espaciales (SETEC-Lab) del Tecnológico de Costa Rica.
El Laboratorio de Sistemas Espaciales de la Escuela de Electrónica, del Tecnológico de Costa Rica, nace en el contexto del desarrollo de la primera misión espacial de Costa Rica, de la creación del Clúster Aeroespacial de Costa Rica, y de las capacidades generadas en el TEC, para darle soporte al creciente campo de la ingeniería espacial, y que esta se convierta en una herramienta de desarrollo en el país.
Así, el laboratorio cuenta con equipos y material humano que permiten el diseño de todas las etapas de una misión espacial, y, además, la investigación de sistemas espaciales enfocados en el desarrollo de sistemas para monitoreo ambiental, y en la investigación de sistemas de navegación satelital.
El Laboratorio desarrolló un satélite -un CubSat que medía 10 centímetros- como parte del proyecto Irazú. El microsatélite permitió tomar datos del crecimiento de los árboles ubicados en una plantación forestal, en San Carlos. Con esa información, los ingenieros forestales del TEC pudieron calcular cuánto carbono fijaron esos árboles en los meses que permaneció el satélite en el espacio.
Fuente: TEC




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