
María Laura Calvo Elizondo es una joven ramonense que ha destacado en el mundo del Ballet. Con solo 24 años ha cosechado éxitos en su carrera que inició a muy corta edad y hoy le permite compartir con niñas y niños que dan sus primeros pasos en una disciplina que requiere de esfuerzo y dedicación.
Inició a los 3 años en la academia Nuova Danza San Ramón, en la que muchos de sus familiares recuerdan aquella pequeña bailando canciones como «En el Bosque de la China» y «Los pollitos» , esta última es inolvidable para María Laura y aún conserva parte del vestuario.
Su madre, Adela Elizondo, descubrió que tenía mucho talento en el arte escénico cuando ponía música y su pequeña bebé que apenas pasaba los dos añitos, bailaba y se emocionaba con cada melodía. Fue en entonces cuando Adela sin pensarlo, la inscribió en la academia de ballet ramonense que la vio convertirse en una señorita.
«En ese momento tenía una amiga que recibía clases de ballet en el Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer y así fue como mami descubrió esa disciplina y decidió llevarme. De hecho fuimos unas de las primeras bailarinas de esa academia que en su momento eran solo clases, pero poco a poco se fue consolidando hasta posicionarse en el cantón», detalló Calvo.
Dio sus primeros pasos entrenando con un proceso recreativo de una hora una vez por semana, conforme fue avanzando sus ensayos pasaron a ser de tres horas al día cuatro veces por semana, pero cuando tenía presentaciones debían entrenar más días y más horas. Esto le permitió ganar disciplina y mejorar su técnica.

María Laura forma parte de la academia Nuova Danza desde hace 21 años, donde junto a su mentora Jenny Santamaría, quien además dirige la academia, logró triunfar y representar al cantón en el Teatro Melico Salazar y el Teatro de la Danza.
Pero este camino no ha sido fácil, muchos describen a los bailarines de ballet como atletas de élite ya que necesitan mucho trabajo físico, dedicación y largas horas de preparación para tener una presentación armoniosa . Así es la dicotomía de la danza: todo debe parecer ligero, pero por dentro hay mucha fuerza.
Además de las horas de preparación, debe existir la sincronía del trabajo entre la maestra, la madre o persona encargada y la familia para que enfocados en una misma dirección surjan los resultados proyectados.
Doña Adela era madre soltera y contaba con poco apoyo económico de parte del padre de su pequeña, pero eso no fue impedimento para ser el pilar fundamental que su «Laurita», como le dice de cariño, lograra triunfar en el arte del ballet.
«A mi me decía que María Laura era la estrella del grupo y era tan bonito verla en sus presentaciones. Fue muy duro, trabajaba como niñera y a mis hijas las dejaba en una guardería, tenía que correr mucho para recogerlas y llevarlas a la academia. Pero todo ese esfuerzo valió la pena», comentó.

Fue así como con la venta de números y parte de su trabajo cuidando niños, pagaba los vestuarios y zapatillas. Laura contaba con una beca en la academia, lo cual fue de gran apoyo para que su mamá nunca soltara la toalla en este proceso. ¡Muy bien doña Adela! Todo un ejemplo de superación para muchas mujeres que llevan su maternidad solas.
«Los primeros años fueron únicos. En ese entonces mi mamá era jefa de hogar, era la que se encargaba de ganar el dinero para llevar el sustento a la familia. Éramos mi hermana, ella y yo y a pesar de tener que trabajar para poder mantenernos, ella sacaba tiempo de donde no existía para sacarme de la guardería y llevarme a las clases de ballet, sin peros y sin excusas, siempre al pie del cañón, siempre apoyándome y siempre firme. Fue mi perfecta guía».
Y así pasaron muchísimos años más de incansables sacrificios, de esfuerzos, de muchísimo trabajo y de interminable disciplina venciendo todos los obstáculos que se presentaban tanto económicos, familiares y personales para María Laura.
El ballet es un arte de escenario, pero además se llama ballet a la técnica que debe estudiarse para bailarlo. Eso le quedó claro a la joven ramonense quien tuvo la oportunidad de viajar a la Habana en Cuba donde durante 17 días compartió con bailarines profesionales y grandes profesores de la Escuela Nacional de Ballet. Esta experiencia le dio un giro a su carrera.
Lo que empezó siendo un proceso de formación para una profesional terminó siendo el proceso de formación para ser profesora de ballet, cosa que Laura espera desarrollar por mucho tiempo.

«Yo descubrí que mi arte era enseñar, fue así como me enfoqué en enseñar y compartir mis conocimientos con los más pequeños. Mi fuente de inspiración fue mi pasión. A pesar de estar rodeada de bailarinas profesionales con técnica casi perfecta, me motivaba el verme crecer y el amor y la pasión que siempre he sentido por el ballet».
Desde entonces, afirma la artista, su pasión por la danza no ha dejado de crecer. Tampoco sus éxitos. Actualmente trabaja en Nuova Danza y ofrece lecciones a instituciones privadas. Pero eso no es todo, porque ya inició con su emprendimiento, su academia Ballet Coppelia donde trabaja con niñas y niños de 3 a 12 años y jóvenes y adultos de 13 años en adelante.
María Laura sabe que el artista en nuestro país cuenta con poco apoyo, lo que vuelve el proceso complicado. Los artistas deben proyectarse y financiar su proceso con sus propios recursos. Sin duda, la oportunidad de ser un ejemplo de superación para sus niños, la motiva y ha motivado todos los días para lograr ser la gran profesional que es hoy.








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