Disciplina y amor por el balón llevan a ramonense a jugar en el extranjero

alexa alfaro

Carolina Elizondo | celizondo@elsoldeoccidente.com

DEPORTES. El 25 de julio marca un antes y un después en la vida de la jugadora Alexa Alfaro, dando inicio a una nueva etapa en su carrera deportiva, esta vez desde suelo Mexicano.
Ese día la seleccionada nacional de baloncesto viajó con el equipo tico para participar en  el Torneo COCABA que se juega en Chihuahua, último partido en el que participa con la Selección Mayor de baloncesto costarricense, para posteriormente ingresar al Tecnológico de Monterrey donde obtuvo una beca completa para estudiar y jugar en la división 1 de la Liga Asociación de Basquetbol Estudiantil.

Alexa Alfaro

“Son mis últimos partidos con la selección antes de entrar a la universidad y jugar con Borregos Hidalgo, en octubre hay juegos centroamericanos y en noviembre centrobasket (si clasificamos)”, detalló la joven.

Todo empezó cuando Alexa era una pequeña de 8 años cuando los miembros de ARBA visitaron la Escuela Jorge Washington, centro educativo donde estudiaba, con el fin de reclutar niños para desarrollar un proyecto con las escuelas ramonenses y masificar la disciplina en el cantón. Las escuelitas deportivas estaban a cargo de los jugadores de primera división, esto motivó e inspiró a muchos de aquellos niños a probar suerte con el balón y una de esas niñas fue Alexa.

A partir de ese momento y gracias al roce y formación que ha tenido junto a figuras reconocidas en este deporte, Alexa ha destacado por su talento y su dominio del juego.
“Inicié cuando tenía 8 años, estaba en segundo grado, ya había ido a ver algunos partidos de primera división en el Gabelo, sin embargo nunca había jugado hasta que inició un equipo en la Escuela Jorge Washington. Desde ese momento mi amor y pasión por el baloncesto ha sido único”, comentó la ramonense.
Entre los visitantes de aquella mañana a la escuela Jorge Washington iba la madre de la menor, Greissell Arguedas, quién describe que desde que vio a Alexa tocar el balón por primera vez se notaba la facilidad de desarrollarse en la cancha y el talento puro que poseía.  
“Cuando  comenzó a practicar baloncesto era como si esa niña hubiera nacido pegada a ese balón. Ella empezó a tener un dominio y una formación diferente, un amor y un enamoramiento por aquel deporte. Mi otro hijo también estaba en baloncesto entonces aquel balón de básquet sonaba todo el día en mi casa. Alexa estaba en segundo grado en ese instante, y con todo ese proceso comenzó a darle más importancia al basket y a verlo de forma distinta al grado de costear sus estudios de esta forma”, describió su madre Greissell Arguedas.


“El baloncesto es de mucha hambre” y es lo que siempre le ha gustado, porque le exige a sus jugadores disciplina fuera y dentro de la cancha para dar un balance y lograr que el éxito deportivo vaya de la mano con otras áreas de la vida. En el caso de esta jugadora que inició desde muy joven, ese balance debe existir entre su práctica deportiva y sus estudios.
Desde los 10 años empezó a forjar su carrera académica para lograr buenas notas y obtener beca deportiva y beca académica, lo que le dio la oportunidad de estudiar en instituciones de alto nivel académico. La educación académica del deportista se convierte en una parte esencial de su educación integral porque le permite aumentar sus oportunidades profesionales en el futuro.


“El haber estado becada la mayoría de mi educación, siempre me han exigido tener un buen rendimiento académico, ya que es uno de los requisitos para mantener la beca. Siempre me he caracterizado por querer hacer las cosas bien y ser muy disciplinada, desde pequeña me ha interesado mucho el ser profesional y tener un buen futuro, para lo cual el ámbito académico cumple un rol muy importante. El baloncesto nunca ha sido una distracción para mi en lo académico”, agregó Alfaro.


Conciliar entrenamientos y estudios es un desafío en sí mismo para cualquier jugador y Alexa lo tenía claro. La joven aprovechó las oportunidades de estudio que le dieron instituciones como el Colegio Seminario en San José donde obtuvo una completa y el Colegio Bilingüe de San Ramón donde concluyó su secundaria.
En el 2019 participó con su equipo en un torneo de fogueo en México con el fin de que jugadoras costarricenses fueran vistas por entrenadores de otros países y fue en el 2021 cuando recibió la noticia de que había oportunidad de una beca en una universidad mexicana.
 “Fue súper emocionante escuchar esto, saber que todo el esfuerzo y dedicación no ha sido en vano. Saber que es una oportunidad enorme en la cual puedo crecer y aprender, que podré seguir con ese sueño que he tenido desde niña. Solo me queda seguir esforzándome el triple de lo que lo he venido haciendo y darle muchas gracias a Dios y a todas esas personas que siempre han estado apoyándome y empujándome a ser mejor cada día”.
La ramonense dará un salto enorme en su carrera deportiva y académica con esta oportunidad que sin duda, ha sido el resultado de muchos años de esfuerzo, disciplina y un apoyo incondicional de sus entrenadores, profesores y por supuesto de su familia.
Su madre quien siempre ha estado a su lado motivándola, hoy puede sentirse satisfecha por esa labor que ha desempeñado junto a su pequeña Alexa.
“Mi meta como mamá siempre ha sido ver cada día mejor a mis hijos, ayudarlos y guiarlos para que cumplan sus sueños y tracen su camino. Al ver a Ale como ella trabaja, su esfuerzo, lo constante que es y cómo se instruye para seguir mejorando, me genera un enorme sentimiento de satisfacción por el trabajo realizado”.


Alexa viene de una familia de buenos principios, una familia luchadora que tiene claro que con disciplina y amor en lo que hacemos es posible cumplir los sueños. Hoy esta joven ramonense se abre paso en el baloncesto internacional y se une a la lista de costarricenses que gracias a un trabajo de muchos años y a una actitud indomable, nos muestran que no hay límites cuando tenemos metas y objetivos claros, que si trabajamos enfocados en aquello que nos apasiona, podemos llegar muy lejos.


“Definitivamente ha sido un proceso largo, muchos altibajos, un proceso muy difícil, pero también ha sido de mucho aprendizaje, diversión y más que todo, de mucho crecimiento a nivel deportivo y personal. El baloncesto, sin duda alguna, me ha dejado muchísimas amistades, las cuales he conocido en el camino, algunas antes que otras, pero todas siguen ahí. El compartir el mismo amor por el deporte es increíble. Ver a todas esas personas cumplir sus sueños y llegar tan alto como en algún momento lo hablamos, no deja nada más que mucho orgullo y satisfacción en mi”.

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